Venerar a los muertos o recaudar entre sus tumbas. El Gobierno convertirá en un boliche una bóveda de la familia Girado en cuyo interior todavía hay ataúdes.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió licitar una bóveda dentro del Cementerio de la Recoleta para instalar un gift shop, un local de venta de bebidas y comida, y un servicio de turismo nocturno.
No es un local sobre la calle Junín ni un servicio montado en el acceso, como ocurre en otros grandes cementerios históricos del mundo. Es una bóveda, entre otras bóvedas, en el interior mismo del cementerio.
Y esa diferencia lo cambia todo.
Estuve hoy en esa bóveda. Los ataúdes todavía están ahí.
El Cementerio de la Recoleta no es un museo que antes fue un cementerio. Sigue siendo un cementerio.
Ahí descansan presidentes como Sarmiento, Mitre, Roca, Pellegrini y Roque Sáenz Peña; escritores como José Hernández, Victoria Ocampo y Adolfo Bioy Casares; científicos como Luis Federico Leloir; y una de las figuras políticas más visitadas del país, Eva Perón.
Pero además sigue siendo el lugar donde hoy se despide a padres, madres y amigos. No pertenece solamente al pasado. Es parte del presente de esta ciudad.

La bóveda de la familia Girado
En otros cementerios, el límite está claro
Y no es una particularidad argentina.
El Père-Lachaise de París es uno de los cementerios más visitados del mundo. Recibe turistas, pero sigue considerándose un espacio funerario: allí están prohibidos los picnics y el consumo de alcohol.
En Washington, el histórico Oak Hill Cemetery de Georgetown directamente prohíbe ingresar con alimentos y bebidas.
Y en Londres los grandes cementerios históricos reciben visitantes y ofrecen recorridos y servicios turísticos sin que eso implique convertir las sepulturas en locales gastronómicos.
No estoy en contra del turismo ni de que existan servicios para quienes visitan estos lugares. Un café, una librería o un gift shop afuera del cementerio, junto al acceso, serían perfectamente razonables.
El problema no es el comercio. El problema es su ubicación.
Transformar una bóveda entre otras bóvedas en un local gastronómico significa meter la lógica comercial en un espacio que sigue siendo funerario.

Cuando La Recoleta salió a defender un árbol
Hay además algo que la propia historia de Recoleta debería hacernos recordar.
Años atrás, después de despedir a un amigo que fue sepultado allí, cruzamos al bar de enfrente.
Conversando con su dueño recordamos una historia extraordinaria del barrio.
Durante la dictadura, cuando buena parte de la sociedad estaba paralizada por el miedo, vecinos de Recoleta —muchas de ellas mujeres del barrio— se movilizaron para proteger el histórico gomero de la plaza. Una excavación para una obra amenazaba sus raíces y salieron a defenderlo.
Lo hicieron en una época en la que protestar no era precisamente gratis.
Ese gomero, que lleva más de dos siglos formando parte del paisaje de Recoleta, sigue ahí.
Si en aquel contexto hubo ciudadanos capaces de movilizarse para defender un árbol centenario, ¿cómo no vamos a discutir hoy qué hacemos con el patrimonio histórico y funerario que está a pocos metros?
Porque el problema tampoco son solamente los 25 metros cuadrados de esta concesión.
Es el precedente.
Si hoy una bóveda puede convertirse en un negocio, ¿qué impedirá mañana que sea otra? ¿Y después otra más?
Una bóveda vacía no es simplemente un local vacío. Pero en este caso hay algo todavía más difícil de explicar: la bóveda que se pretende convertir en un espacio comercial ni siquiera está vacía.
Estuve ahí. La recorrí. Y tengo las fotografías.
Los ataúdes de la familia Girado siguen en su interior.
No todo puede convertirse en negocio.
Las ciudades necesitan recursos. Necesitan turismo. Y pueden ofrecer servicios a los millones de personas que visitan sus lugares históricos.
Pero también hay lugares donde el respeto vale más que una concesión.
El Cementerio de la Recoleta debería seguir siendo uno de ellos.
Un café, una gaseosa o un gift shop afuera del cementerio no molestan a nadie.
Adentro, entre las bóvedas —y con los ataúdes todavía ahí—, es otra cosa.
Nota al pie: La propia licitación habla de una bóveda “deshabitada”. Estuve ahí esta mañana. Abrí la pueta, entré y los ataúdes siguen en su interior. Podrá discutirse administrativamente qué significa “deshabitada”. Lo que resulta bastante más difícil de sostener que estamos ante un simple local vacío.

Ataúdes dentro de la bóveda



Mejor sería que el gobierno hable de los grandes ingresos que recibe por el precio de la entrada del cementerio, pero que nunca llegan a sus empleados que están eternamente contratados. Se suma un nuevo kiosko para el robo de Jorge Macri 🙁
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El cementerio es un lugar sagrado, no corresponde poner un “kiosko” en una bóveda es una profanación! Espero que el Sr Jorge Macri reflexione y dé marcha atrás con esta medida y sea respetuoso con los muertos y sus familiares
Es un lugar Sagrado !!! No sé puede creer que traten de hacer negocio aquí . Roban a los familiares , nos roban a nosotros los argentinos nuestra decencia ! Que colmo !
Primero se debe saber realemente la situación de la boveda en cuanto a titularidad; segundo: si está prohibido el comercio en el interior de las necrópolis públicas (hay una ley municipal que lo prohibe expresamente, pero no recuerdo el numero); Tercero: nunca, pero nunca se piensa en preservar la memoria y la historia de nuestro país. Simplemente si todo estuviera en condiciones de poner ese gift shop, se deberia al menos colocar un QR con los datos de los difuntos que alli descansaron, con una pequeña biografía. Hay miles de casos de personalidades perdidas o retiradas de Recoleta sin que se sepa siquiera que alguna vez descansaron en este sitio y mucho menos el lugar exacto. No estan preservando la memoria de ninguna manera, y realmente es un abandono total en ese sentido.