Las falsas denuncias de violencia de género y de abuso con los chicos en el medio afectan en silencio a familias de todo el país. Se empezó a hablar del tema y apareció una extraña estadística. ¿Son muchas? ¿Son pocas? ¿Agravar las penas las puede prevenir? ¿El aparato de Género se puede desentender de este bollo?
Qué fácil es la venganza judicial. Una denuncia a un ex por violencia de género o abuso sexual, con los chicos en el medio, suele tener resultado fuerte e inmediato. Una garantía para las víctimas, una tumba para los inocentes. Así de duras son las cosas, y esto quizá no tenga solución, porque el combustible de estas cosas es el odio, y porque en el medio están las verdaderas víctimas, y la encrucijada de los fiscales, y el partido de fútbol en que se convierte todo en este país.
Lamentablemente, durante separaciones conflictivas la denuncia falsa se utiliza como instrumento para borrar del mapa al otro y/o desplumarlo económicamente. Hay tres tipos de casos. Gente despechada a la que “se le va la mano”. Cuevas de abogados y peritos —sicarios, bah— que te sacan de encima a tu ex con un combo llave en mano: denuncia de violencia y denuncia de abuso; cuesta, pero vale. Y sombríos aparatos estatales que apalancan causas armadas agitando nobles pañuelos.
Un relevamiento del Observatorio de Violencia de Género de los Ministerios Públicos (del Consejo de Procuradores y Fiscales Generales de la República Argentina y del Consejo Federal de Política Criminal) detectó un aumento del 70% en causas por los presuntos delitos de falsa denuncia /falso testimonio entre 2023 y 2025. El grueso de estas causas no se relaciona con violencia de género. Y al ser comparadas con la totalidad de las causas, representa el 0,09% de la conflictividad penal. Entonces, opinan que no se justificaría agravar las penas.
Eso es lo que propone un proyecto de ley impulsado por Carolina Losada y otros senadores. Agravar las penas para quien hace falsas denuncias, en particular si el hecho inventado es sobre violencia de género, abuso sexual o violencia contra chicos y adolescentes. También busca aumentar la pena para los peritos truchos. El endurecimiento penal propuesto es para quien denuncie sabiendo que miente. El espíritu es que si van a ir al fuero penal para una venganza con estos instrumentos, sabiendo que la persona denunciada es inocente, lo piensen más.
Las cifras del relevamiento son un poco raras. Abarcan de 2023 a 2025, no se sabe muy bien qué datos (qué causas, en qué estadío, etc.), y ni siquiera consiguieron datos de todo el país: sólo de algunas provincias.
Ahora bien, supongamos que hay ¡un 70% más! de estas causas últimamente, ¿podríamos decir que hay más falsas denuncias en el país? No. Una cosa es decir que la sociedad denuncia más un tipo de delito. Y otra es decir que ese tipo de delito efectivamente está ocurriendo más. Justamente ése es el meollo de todo esto. Es un problema con la verdad.
Habría que esperar que se demuestre en un juicio que es cierto que mintió —si el denunciante actuó con dolo y no fue un error— y que su condena quede firme.
Lo mismo pasaría si quisiéramos medir si hay más abuso sexual. ¿Podríamos, contando “causas”? No. Algunos relatos en sede penal podrían ser descaradamente falsos. Otros, ser verdaderos pero no poder probarse.
Descular estas cosas lleva tiempo. Y un problema grave de este subtipo de falsas denuncias es que se traducen en impedimentos de contacto y que, por muchos motivos, éstos se fosilizan, al margen de cómo termine la cosa en los papeles, años después. Por eso es tan grave este crimen. El inocente no vuelve a ver a sus hijos, ni siquiera si sale absuelto. Los vínculos quedan desmantelados. La gente queda en la lona. Y el mentiroso queda impune.
ES DIFÍCIL DENUNCIAR
Así como algunas víctimas de violencia de pareja o sexual a veces no denuncian (y menos lo hacían cuando la sociedad les daba la espalda y la política pública no las contenía), algunas víctimas de vendettas penales mediante falsas denuncias con chicos en el medio no suelen denunciar este crimen.
La vergüenza, el agotamiento, los vínculos rotos, el alma rota, los escraches padecidos y el desplume económico del inocente manchado lo explican en parte. El sobreviviente se aboca a sobrevivir. También piensa en los hijos: al fin y al cabo, siguen siendo los hijos de ese individuo que fue capaz de poner en marcha una bola de nieve estatal imparable e irreparable.
Además, ciertos fiscales que tienen que investigar falsas denuncias/testimonios no lo hacen. Y ciertas órdenes de investigar falsas denuncias/testimonios que aparecen en la parte dispositiva de muchas sentencias se incumplen. Algunas veces, entendiendo que hacer algo así sería ¡violencia institucional! (contra quien llevó a juicio a un inocente y con hijos en el medio). Otra excusa es que primero tiene que quedar firme la absolución. En el medio esto prescribe.
¿Por qué no se revinculó con los chicos si es inocente?”, “¿Por qué no denuncia esto, si fue todo armado?” “¿Por qué no la denuncia por impedimento de contacto?”. Esto se pregunta típicamente quien no ha sido blanco de este crimen, quien no tiene este dolor en su entorno, o recién llega al tema. Muchos piensan en mi familia no va a pasar.
No toda absolución surge de una falsa denuncia, obvio. Y no toda condena sale de una verdad. Y no toda presunta falsa denuncia/testimonio se denuncia, ni toda denuncia se investiga. Todo esto es un problema con la verdad y con la confianza en las instituciones.
“UN MITO”
La extraña estadística se consumió y difundió con cierto tufillo tribunero. Parece haber algún tipo de problema con las vendettas conyugales en el fuero penal, sí, pero es mejor decir que la violencia de género es “el verdadero” problema (¿el otro sería falso?) y que muchos no lo denuncian. El supuesto subregistro de supuestos delitos no les interesa en general, sino en particular.
Colectivos, funcionarios, corporaciones de peritos, la Asociación de Juezas, observatorios varios y opacas ONG que operan en causas judiciales saltaron como leche hervida con esto el tema falsas denuncias. Es un fenómeno estadísticamente marginal, repiten, y vaticinan que si aumentara un poco la pena por fabricarle una denuncia de abuso o violencia a alguien, esto asustaría tanto a las víctimas, que dejarían de denunciar sus casos.
Las falsas denuncias de género/abuso son “un discurso”. Apenas “una narrativa”, aventuran Hasta hace no tanto, algo así se solía insinuar cuando una mujer contaba una paliza o una violación. Después se salió el tapón y Argentina pudo empezar a hablar de golpeadores, violadores y femicidas, e ilusionarse con soluciones estatales para estos flagelos.
Un observatorio llamado “Ahora que sí nos ven” también salió a bajarle el precio a este delicado asunto. Dicen que es “un mito” las sororas.
Las personas capaces de entrenar a un hijo y usarlo como proyectil en contra de un ex existen; tal vez sean sólo hijas sanas del patriarcado. Y las falsas denuncias de vendetta terminan golpeando a las madres de los parias denunciados, a las hermanas y esposas. Por ahora no las ven.
No propusieron ni una campaña. No lleves tu odio al fuero penal. Si los amás, no los hagas mentir. Si sos una abuela obstruida, llamanos. Nada.
Nadie le pide al aparato de Género que revise en público ciertas derivas de la perspectiva de género. Ni que apoye un endurecimiento penal si no les gusta la idea. Pero ¿se pueden desentender de todo este bollo? Yo creo que no.
INCÓMODOS
Este crimen de odio, que impide el contacto entre hijos y padres/madres, pero también abuelos, tíos, alimenta negocios jugosos. Estatales y privados. Ya lo dijo el abogado Carlos Daniel Mercado —un verdadero experto en estos temas— captado en una cámara oculta mientras le confesaba a un padre que había entrenado a su hijo para que lo involucrara en un abuso sexual: “¡Es todo por guita, guita, guita!”.
Otro personaje que saltó con este tema es una funcionaria de Género de La Matanza de nombre Liliana Hendel. Esta mujer fue más allá y se dejó llevar por Carlos Rozanski —exjuez federal de La Plata, súbito aliade— y se sumó a una denuncia penal contra la senadora Losada, por su proyecto. La reacción se entiende: ciertos casos truchos que agitó esta gente con la palanca estatal vieron la luz.
En Santa Fe, la Justicia investiga a una ONG de Rozanski bajo la hipótesis de que podrían haber impulsado causas de abuso sexual infantil mediante informes psicológicos seriados, truchos. Y en Lomas de Zamora, un fiscal investiga si “el caso Ghisoni”, agitado por la oficina de Hendel, encuadra en falso testimonio y en asociación ilícita.
Hendel usó la web oficial de La Matanza para perseguir a este médico y tenía bajo su órbita a la denunciante, Andrea Karina Vázquez (una mujer con patologías psiquiátricas cuyo relato fue desmentido por la ciencia y por sus propios hijos) y a Florencia Piermarini, su abogada. Los supuestos abusos que cometía este hombre se descartaron (la Suprema Corte bonaerense dejó firme su absolución), pero quedaron las fotos de Hendel en primera fila este juicio junto a Vázquez, Rozanski, Dora Barrancos y funcionarias de la plana mayor del Ministerio de Género bonaerense. La Ministra Estela Díaz nunca le explicó a la sociedad por qué puso a la provincia a impulsar esta causa. ¿Se lo habrá explicado al Gobernador Axel Kicillof?
La primera denuncia falsa de Vázquez a Ghisoni por abuso fue en 2016. Pasaron 10 años y la mujer, desmentida por la ciencia y por sus hijos, ni siquiera fue indagada. ¿Entra a la estadística de falsas denuncias, o no?
UN FENÓMENO MARGINADO
Si no hubiera mar de fondo con esto, no estaríamos rizando este rizo. Tenemos un problema con la verdad y —guste o no— con ciertas derivas que ha tenido la perspectiva de género, que puede haber empezado bien, pero terminó derramándose mal en el último juzgado de Familia de Catamarca, donde la joven esposa de cualquier diputado, por hacer dos cursillos sobre diversidades, ocupa ese complejo sillón, que tanto olfato requiere, y decide yo le creo, señora, y a usted no, señor, con los chicos en el medio y el fuero penal al lado. Es feo, pero es así.
Una cosa es creerte, hermana, hermano, y otra es que te aproveches de que te van a creer. Y gente mala hay por todos lados. Y malos magistrados también.
Por algo se escuchan estas quejas por todos lados. “Te separan por un relato”. “Si sos hombre nadie te cree”. “La falsa perspectiva de género”.Gente rica y pobre.
Por algo en el interior hay marchas —que nadie cubre, y de las que muchos se burlan— llenas de abuelas y abuelos. El tema es delicado. Acá entran el honor de la gente, los hijos, la familia, la dignidad, la libertad, la verdad. Y algunos negocios, simbólicos y económicos. Por algo hay entusiasmo de unos y furia de otros con un proyecto que será útil o inútil, se verá, pero recogió el guante de un tema con muy mala prensa.
¿La prevención está en el Código Penal? Tiendo a pensar que sí, que podría disuadir a algunos inescrupulosos (una falsa denuncia menos ya es mucho) y que al mismo tiempo no asustaría a los denunciantes genuinos (este último razonamiento huele psicopático, da para otra nota). La falsa denuncia es a sabiendas de y eso se tiene que probar.
No sé si es un fenómeno “estadísticamente marginal”; no creo que se lo pueda medir con seriedad. Pero sí es un fenómeno marginado. Sospechosamente.



Excelente . Absuelto no significa siempre inocencia, condenando no significa siempre culpable . La justcia falla.
.* Las falsas denuncias EXISTEN, matan en vida y provocan suicidios…
* la falsas denuncias = DELITO
#Que Sea Ley Por Todo y Por Todos