Cómo y por qué Liliana Hendel, Carlos Rozanski y Andrea Vázquez se le tiraron encima a un vecino de Caballito acusado por su exmujer con mentiras. Nicolás Balerdi perdió a sus hijas, lo persiguieron como a un nazi y aún podría ir preso, por un polémico fallo que revisa Casación . Otro delicado conflicto intrafamiliar aparateado desde el gobierno de La Matanza. Otro “caso Ghisoni”.
Este caso es parecido al del médico Pablo Ghisoni, pero empezó antes. Su génesis es una mentira materna, que la Justicia descubrió, pero dejó impune.
En 2010, Nicolás Balerdi fue acusado por Feliciana Bilat (la Andrea Vázquez de esta historia) de abusar sexualmente de una de las hijas de ambos, que en ese momento tenía menos de cuatro años. Desde entonces, Balerdi no vio más a sus hijas y ya fue juzgado dos veces por lo mismo.
Cuando la pareja se terminó de ir al diablo, entre incompatibilidades y choques tóxicos, tenían 28 años y dos bebitas. Él se fue a lo de su mamá. Ahí empezaron las tensiones, por el régimen de visitas y la cuota alimentaria, y todo desembocó en denuncias penales. Primero, por violencia. Con esto, ella obtuvo una restricción perimetral y él estuvo seis meses sin ver a las nenas. No aparecieron pruebas para esta denuncia y se ordenó una revinculación: las podría ver unas horas.
“Pero me la hacía difícil. Un día se las llevó un mes a Entre Ríos. Otro día me dice que se las tenía que entregar bañadas. Después de esto, me denuncia por abusar de la más grande”, dice Nicolás Balerdi.
La mujer dijo que observaba cambios de conducta en la nena y rechazo al padre, y que entonces googleó “síntomas de niños abusados”. Además, aseguró que la nena le había revelado que, cuando era más chica aún, “papá le hacía cosas feas”: que la sometía a sexo oral y le eyaculaba encima, entre otras aberraciones. (Las circunstancias de modo, tiempo y lugar de este relato materno irían mutando). Y aseguró varias cosas más, que eran falsas.
A SANGRE FRÍA
Para apuntalar su denuncia, la mujer mintió. Dijo que Balerdi tenía denuncias previas de abuso. Que una pediatra detectó irritación y secreciones en los genitales de su hijita. Y que un equipo especializado del Hospital Álvarez (asistente social, ginecóloga, pediatra, psicóloga), adonde la sometió a exámenes, detectó indicios de abuso sexual y le recomendó denunciar en función de esa hipótesis. Era todo falso. Nadie le había sugerido denunciar.
Lo que sí había dicho la nena en el hospital es: “Extraño a mi papá, pero no lo puedo ver porque está enfermo”. La enfermedad era otra mentira, esta vez, hacia sus hijas.
Rápidamente se hizo una entrevista en Cámara Gesell —clave en estas hipótesis delictivas—, donde la nena dijo frases escuetas, fragmentarias, que no permitieron concluir que había habido abusos, y con un vocabulario que llamó la atención de varios. Por ejemplo, “soy valiente”, “partes íntimas”, o que tenía que “contarle algo al juez”.
Ninguno de los peritos del caso pudo afirmar que hubo abusos, y la mayoría se inclinó por descartar esta posibilidad.
—Me presenté innumerables veces al Cuerpo Médico Forense. Estudios, dibujos, cuestionarios. Todo me dio bien. Puse peritos de parte que cuestan tres mil dólares la sesión. Un día me tuvieron encerrado en un cuarto siete horas. En un juzgado, la nena vino corriendo hacia mí, una psicóloga lo puso en un informe. Pero igual ahora todo era escraches, “violador”, “misógino”. Y yo ya no era más el padre: era “el progenitor”.
Las pericias psiquiátricas de este padre dieron bien. Las de la madre arrojaron “un trastorno de personalidad histeroparanoide, con impulsividad y dificultades para anticipar sus conductas, pudiendo actuar sin medir las consecuencias de sus acciones”.
El hombre fue sobreseído en la instrucción. Sin embargo, su ex impulsó el juicio oral.

Nicolás Balerdi (44) espera que la Cámara Nacional de Casación Penal revise su condena, a 15 años de prisión, por supuestos abusos a su hija cuando era una beba
2015: PRIMER JUICIO
El fiscal Juan José Ghirimoldi evaluó que la prueba de cargo era insuficiente para superar el estado de duda y pidió la absolución. Así le fue… Salió en tapa del Diario Popular: “Escándalo con el fiscal que rechazó pedir una condena por el abuso de una niña”. Adentro, toda una página impar lapidaba al fiscal y afirmaba los abusos. Se insinuaba que Argentina padecía una epidemia de “pedófilos protegidos” por la “falsa teoría” del Síndrome de Alienación Parental (SAP). Feliciana no estaba sola: la política empujaba su carro en el apogeo del Ni Una Menos. Una columna en la misma página nos presentaba a un personaje aún en pañales: Andrea Vázquez, retratada como una cándida madraza del Conurbano que también era víctima de su ex, el doctor Pablo Ghisoni.
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 17 (Pablo Vega, Juan Facundo Giudice Bravo y Alejandro Noceti Achával) no encontró elementos con rigor científico para afirmar que hubo abusos. Los dichos de la nena no permitían estimar su verosimilitud según la mayoría de los miembros de la junta médica que actuó en el caso. Y los dichos de la madre desbordaban de vaivenes y mentiras.
Balerdi fue absuelto por unanimidad. No fue por el beneficio de la duda, sino porque los jueces se convencieron de que no existió ningún abuso, sino una madre inductora de un relato. La única “prueba” era su relato, y no le creyeron. Ordenaron que fuera investigada.
No la desmintieron sólo profesionales del hospital, sino también la psicóloga y la maestra del jardín de infantes. A su vez, una gran amiga de Bilat desde la infancia declaró en su contra, al borde del llanto, abonando la posibilidad de una denuncia inventada. Y no fue la única de sus amigas en sospechar que lo de los abusos era un cuento.
El juez Pablo Vega sostuvo: “La relación de la querellante con la verdad no ha sido la mejor (…) ha incurrido en serias contradicciones, a la vez que ha estado plagada de hechos inexactos y de mentiras”. Para el juez, la nena era sin dudas una víctima, “aunque no precisamente por el supuesto hecho de autos”.
Laura Fechino, una de las defensoras de Balerdi, dijo: “Este juicio sirvió para arribar a dos certezas. Una negativa, no hubo abuso, y otra positiva: Bilat hizo una falsa denuncia para sacarse de encima a Balerdi. El único abuso que sufrió la niña fue el de su propia madre, que con tal de obtener lo que quería, la siguió sometiendo a entrevistas, para presionarla y obtener un relato”.
UN DÍA DE FURIA EN TRIBUNALES
Buenos Aires, 14 de julio de 2015, clímax del Ni Una Menos; mal momento para un veredicto de inocencia. Ese mediodía, los canales titulaban: Un día de furia en Tribunales / Inexplicable fallo / Indignación por la absolución de un hombre acusado de violar a su hija /
Balerdi miraba la tele incrédulo, agitado aún, en una mesa del bar Zidane de la avenida Pedro Goyena, en Caballito, su barrio. Acababa de sobrevivir a un intento de linchamiento en los tribunales de Lavalle y Talcahuano. El Grupo Feliciana no aceptaba el veredicto absolutorio.
—Cuando dicen “absuelto, que se limpie su buen nombre y honor, etcétera”, los policías no sabían por dónde sacarme, no se podía salir: había feministas afuera que nos querían linchar. A mí, a mi familia y al tribunal. Ahí se me ocurre salir por los techos: yo trabajé en Cablevisión.
Balerdi, absuelto, sube al techo y comienza a avanzar, terraza por terraza, como un gato, como un ladrón en apuros, envuelto en bronca y vergüenza, jadeando impotente sobre el batifondo. “¡Vamos a llenar de violines el paredón!”, se sentía. “¡Violador!”. “¡Ni una menos!”. “¡Loca, sucia, puta, pero jamás pedófila!”.
En plena huida, coordina su propio rescate con Salchicha, un amigo que lo espera en su moto en el punto indicado y lo saca raudamente hacia Caballito. Mientras, la militancia destruye el auto de otro amigo, al confundirlo con el “violador absuelto”.
—Unos minutos después yo estoy sentado ahí, viendo todos los noticieros hablando de mí. Pero la gente del bar conocía mi causa y me decía “tomate una Coca”: me dieron cobijo. Ese día ella salió en vivo en tres canales. Todos hablaban de “cómo la Justicia patriarcal dejó suelto a un abusador”. A mí nadie me llamó.
¡Hi-jos-de-puta! ¡Hi-jos-de-puta! ¡Ghirimoldi perverso! ¡Cómplices! ¡Justicia pedófila!, gritaba la turba, acaso fantaseando con un patíbulo en la plaza Lavalle. Magistrados y empleados del Tribunal, de traje y corbata, huyeron también por los techos, igual que familiares, amigos y las defensoras, una en muletas. Los habitués del café Petit Colón tuvieron gran show. Mónica, la madre de Balerdi, pudo salir por la puerta horas después. Vio el Palacio empapelado con afiches que escrachaban a su hijo y a los jueces.
La sentencia ordenó que se investigara a Bilat. Esto, que tal vez hubiera cambiado el curso de la historia para un padre y sus hijas, no se cumplió.
SE METE EL JUEZ ROZANSKI
Desde la cima del Poder Judicial, a la mujer le cayó de regalo un aliado. Carlos Rozanski, por entonces presidente del Tribunal Oral Federal en lo Criminal N° 1 de La Plata, nexo con los organismos de derechos humanos y con Cristina Fernández de Kirchner, se apasionó con el caso. Hay quienes aseguran que no lo movía la noble temática, sino su rencor con el juez Pablo Vega, con quien había tenido que compartir el TOFC platense (famoso por sus duras condenas a represores de la última dictadura), y no con la obediencia que le gustaba.
Rozanski sacó en Página/12 una nota titulada “La mujer que no lloró”. Insinuaba que el fallo de Pablo Vega era “misógino”, injusto, contrario a la Constitución, porque no le habían creído a una madre y peor: la querían investigar. Rozanski citaba un pasaje de la sentencia donde se comparaba la actitud de Bilat (“de cuyos ojos no vimos brotar siquiera una lágrima mientras contaba los horripilantes abusos que, según ella, Balerdi le había practicado a su hija”) con la de su mejor amiga, que había hablado “impregnada de dolor y prácticamente invadida por el llanto”. El blanco del libelo era Vega.
Las tensiones entre ambos jueces en La Plata fueron vox populi. Vega, por ejemplo, osó votar una absolución (palabra prohibida en lesa humanidad), al evaluar que no había pruebas. También empatizó con los trabajadores del tribunal, que denunciaban violencia, hostigamiento y persecución gremial de Rozanski. Decían que tenía “una careta”: afuera, un “anti dictadura”, adentro, capaz de promover listas negras y sumarios a delegados.
Además, prohibía trabajar en las causas ordinarias. Sólo se hacía lesa, lo que le daba prensa a “Pelu” Rozanski. El tribunal fue apodado Prescribelandia. Prescribieron más de 1.100 causas (narcotráfico, secuestros extorsivos, evasión), con las consecuentes y peligrosas excarcelaciones, según la resolución 119/2019 del Consejo de la Magistratura, un documento que describe minuciosamente por qué Rozanski fue denunciado por mal desempeño.
En vez de afrontar un jury, el juez eligió pedirle al gobierno de Macri que le aceptara la renuncia, y lo consiguió. Se fue en 2016. Así conservó la jubilación y, por años, una onerosa e inexplicable custodia de policías y gendarmes provista por el Ministerio de Seguridad de la Nación en su domicilio de Villa Elisa.
Pese al escándalo mayúsculo en Prescribelandia, Rozanski se había dado tiempo para zambullirse en un caso porteño, ajeno e intrafamiliar. Pero de Vega. Ciertas pasiones son difíciles de manejar. Ahora que estaba jubilado, podría tener más tiempo aún para militar contra la absolución de un vecino de Caballito.

Carlos Rozanski junto a Liliana Hendel, Secretaria de Género de La Matanza
LA PATOTA DEL GAS PIMIENTA
Aunque estaba absuelto, Balerdi no logró revincularse con sus hijas. Y aunque debía ser investigada en el fuero penal, Bilat logró mantener una restricción perimetral. En estas circunstancias, podríamos decir que le armó otra causa a su ex. Quedó regalado.
La mujer decía temer por su vida, lo consideraba peligroso, “perverso”, “incestuoso” y “pedófilo”, pero se le mudaba cada vez más cerca: a tres cuadras. Un día, él caminaba por el barrio cuando se le cruza desde la vereda de enfrente Maira Gómez —una militante feminista que ahora salía con Bilat y actuaba como “segunda madre” de sus hijas—: “Te vamos a cagar a palos, ella es mi hija, no es tuya”. Le cae un cascote, le pegan unas diez mujeres —estaba Bilat— y lo bañan en gas pimienta.
En la víspera, estas mujeres habían anunciado en Facebook un ataque con gas pimienta. Postearon fotos de aerosoles paralizantes con estos mensajes: “Vamoo. Con todoooo!!!!!”. “Las pibas que vos violaste van a volver. Este hijo sano del maldito patriarcado se va a arrepentir de haber nacido”.
La Policía se llevó aprehendidos tanto a Balerdi como a Bilat. Inmediatamente, la piscóloga Liliana Hendel —que aún no era funcionaria del intendente Fernando Espinoza— y el psiquiatra Enrique Stola se le tiraron encima a Balerdi con posteos: “Detuvieron a Feliciana por defender a su niña de Nicolás Balerdi, quien tiene restricción. Exigimos liberación”. “Detenida por proteger a su hija”. Esta versión del hecho se trasladó a los medios, sin filtros (“Quiso defender a su hija de un hombre acusado de pedofilia y terminó presa”. “Fue abusada por su padre; él la amenazó en Caballito”). Era 2016, una época en que los dichos de estos referentes se tomaban como ciertos y nobles.
Bilat fue liberada enseguida por una fiscal. Balerdi en cambio pasó 20 horas preso. Y fue culpado por el ataque. El Grupo Feliciana convenció a la Justicia de que el hombre estaba bien atacado porque había violado la perimetral y ella se había tenido que adelantar con el gas.
En la instrucción de esta nueva causa, Balerdi fue sobreseído. Pero el grupo presionó y consiguió sentarlo en el banquillo. Fue ocho años después, en 2024, ante el Tribunal Oral en lo Criminal N° 9, que lo condenó (desobediencia y amenazas y su ex pareja por lesiones leves). Más antecedentes penales para Balerdi, que no conseguiría trabajo formal nunca más.
COMO A LOS NAZIS
También sufrió violentos escraches. Balerdi muestra hoy un viejo posteo de Facebook de grupos feministas, donde aparece una foto de él, tomada a escondidas. Va caminando en musculosa por el Parque Rivadavia. Junto a la foto se lee: “Violador camina libre. Si no hay justicia hay escrache. Juicio y castigo”.
—Yo ni me daba cuenta de que me sacaban fotos. Sufrí mucho bullying en el barrio. También tuve que cerrar las redes, me hostigaban a morir. Un día me animé a volver a Instagram, me puse otro nombre, para subir al menos una foto de mi vida, en futsal, con mis sobrinos.
2018: ANULAN EL JUICIO
Feliciana, patrocinada por funcionarios de la Defensoría General de la Nación, pidió que se anulara la absolución Un argumento fue que no había actuado un defensor de menores. Otro, que los jueces la habían estigmatizado. Otro, que hubo valoración arbitraria de la prueba. Y el último, el mejor: que si se la investigaban (nada más y nada menos que por mentir para involucrar al padre de sus hijas en un abyecto crimen) eso sería… “violencia institucional”. Delicatessen del Ni Una Menos.
La Sala 1 de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal (Luis M. García, María Laura Garrigós de Rébori y Horacio Días) hizo lugar: anuló el juicio. El argumento fue “defecto de fundamentación” del TOC 17 por considerar el relato de la nena en la Cámara Gesell (de donde no se inferían abusos) y no tener en cuenta sus relatos ante otras personas.
La jueza Garrigós de Rébori disintió. Respaldó de punta a punta el trabajo y las conclusiones absolutorias del TOC 17, que calificó como producto de un “minucioso análisis” con enfoque científico.
Sobre la “violencia institucional”, a Bilat le respondieron que, en general, nadie tiene inmunidad contra la mera formación de una causa… Pero igual esto no sirvió para nada: a esta mujer nunca la investigaron. La excusa fue que la absolución de Balerdi no estaba firme. Y así, la causa por la falsa denuncia, que tal vez podría haber cambiado el curso de esta tragedia, prescribió.
2024: LO JUZGAN DE NUEVO
Habían pasado 9 años del primer juicio, 14 de la Cámara Gesell y 15 desde los supuestos abusos, cuando Balerdi se sentó en el banquillo otra vez por lo mismo, ante el mismo tribunal que lo acababa de condenar por lo del gas pimienta. Pero ya no lo acusaba Feliciana, sino su hija, que había cumplido 18 años.
“Que él sepa que yo me acuerdo de las cosas, yo estoy acá y me defiendo”, sostuvo la joven. Relató su historia basándose en la trama que relató su mamá desde 2010, y le agregó otras cosas que dijo recordar. También involucró ahora en los supuestos abusos al hermano de Balerdi, su tío.
Nicolás Balerdi insistió con su inocencia y dijo que “hay tres víctimas, a causa de Bilat”, con referencia a él y a sus hijas. “No es la pobrecita como se va a presentar, ya que quiso linchar a los jueces en el caso anterior”, recordó.
Este tribunal sí lo condenó, a 15 años de prisión, por “abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores”. Según los jueces (Ana Dieta de Herrero, Fernando R. Ramírez y Luis R.J. Salas), los abusos están acreditados “sin hesitación”. Probados. Se trataría de tres hechos: uno en la casita de una plaza donde había toboganes y otros en la casa de la madre de Balerdi, que habrían ocurrido en 2009 y 2010.
La diferencia entre el TOC 17 (absolución) y el de TOC 9 (condena) es que el primero se apoyó en una junta médica, mientras que el segundo descartó de plano todo ese respaldo científico y se convenció de la existencia de los abusos con los dichos de la presunta víctima.
¿Cómo hizo el TOC 9 para descartar el trabajo de la junta médica que actuó en el caso -al momento de los supuestos hechos-, y que no encontró huellas de abuso? La descalificaron ferozmente.
Estos profesionales, entre otras cosas, habían sugerido peritar a la madre y retratado el seno familiar de los primeros años de vida como “promiscuo” e hipersexualizado. (Es lo que contó la madre: una crianza “sin tabúes” sexuales —y promiscuo quizá quede corto para ciertas cosas que se ventilaron en el juicio—). El planteo no fue por moral, sino porque ese ambiente puede haber incidido en el discurso de la nena, que presentaba demasiados conocimientos sexuales y no necesariamente por haber sido abusada.
A los jueces del TOC N°9 les “preocupó” esto. Dijeron que el dictamen de la junta “luce prejuicioso, intencionado y plagado de cuestionamientos morales fuera de contexto, demandando además la peritación psicológica de la madre, persona no vinculada a los hechos del proceso”. Los jueces la llamaron despectivamente así: ‘la denominada “Junta”’ (sic), en un fallo cargado de comillas irónicas y, por momentos, fuera de tono para semejante tragedia.
Reitero: como en 2024 quien acusó fue la propia chica, los jueces consideran “persona no vinculada a los hechos” a la madre. Alguien que, 17 años antes, con una cadena de mentiras pergeñada para perjudicar a su ex, puso en marcha esta bola de nieve y siguió viviendo con su hija.
En síntesis, estos jueces se desligaron de un plumazo tanto de la junta médica (el respaldo científico) como de la problemática madre. Esto les permitió ceñirse al relato de la presunta víctima. Consideran, 14 años después de la Cámara Gesell -que no detectó signos de abusos- que los abusos están acreditados. Probados.
Valoraron también un diario íntimo y un cuaderno de catequesis que no existían en el primer juicio, y la opinión de psicólogas que la niña tuvo a lo largo de la vida bajo el supuesto –vertido por la madre- de que era víctima de abuso.
Los jueces también descartaron de plano la teoría de la defensa. Esta parte sostuvo no que la chica miente, sino que hubo implantación de recuerdos para impedir su revinculación con el padre, y que eso se hizo mediante una denuncia de abuso sexual infantil.
El día del veredicto, un policía del Tribunal que tenía al lado lo quiso consolar:
—Yo te creo, conozco tu causa hace años, pero esto es lo que te toca.
Es el mismo tribunal que lo condenó a él por el ataque del gas pimienta que sufrió. La condena está recurrida en Casación. Es por eso que este padre sigue libre, por ahora.
LA MATANZA CONTRA UN VECINO DE CABALLITO
En 2020, Liliana Hendel consiguió un alto cargo político en el gabinete de Espinoza en La Matanza: Secretaria de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidades. Asumió en un acto donde la acompañó la socióloga Dora Barrancos y le tomó juramento el intendente Fernando Espinoza, todos con barbijo. Espinoza lanzó una curiosa definición: “Ser machirulo es una enfermedad que se cura solamente con la toma de conciencia”. Las feministas, que se preparaban para recibir en la oficina jugosas partidas del gobierno de Axel Kicillof para combatir la violencia machista, se tragaron el sapo.
En la flamante oficina de Hendel confluirían personajes como Andrea Vázquez (denunciante serial de abusos sexuales que resultaron falsos), Florencia Piermarini, Carlos Rozanski y Dora Barrancos. Y una de sus actividades más llamativas fue agitar falsas denuncias. Durante el juicio contra Ghisoni, este elenco acusador no se perdía las audiencias. Estaban todos sentados en la sala. La plana mayor del Ministerio de la Mujer de Kicillof también estaba allí, y también pidieron ser amicus curiae en esta causa, sin explicarle a la sociedad por qué. A su vez, la web oficial de la oficina de Hendel convocaba a estas audiencias.
Lo mismo ocurrió cuando llegó la condena a Balerdi. Hendel venía persiguiendo a este vecino de Caballito desde que la patota lo atacó con gas pimienta. Ahora que era funcionaria, no dudó en festejar la condena: “Ya basta de tortura para las madres protectoras. Andrea Karina Vázquez y Feliciana Bilat, entre tantas… a sumarse para impedir la canallada patriarcal!”. Vázquez, funcionaria de la misma oficina, reforzó: “Sólo unidas podremos vencer al patriarcado”. Bilat agradeció: “Gracias querida Lili por todo tu acompañamiento y ovarios”.

Fernando Espinoza designa a Liliana Hendel como Secretaria de Género de La Matanza. Dora Barráncos y Verónica Magario a los costados. Foto oficial de 2020
Otro que celebró la condena como algo personal fue el jubilado juez Rozanski, ahora carne y uña con la flamante Secretaría matancera. Desde Facebook, donde se mostraba en una foto con Estela de Carlotto, lanzó: “Parecía increíble! Significa que no hay que darse por vencidos cuando un tribunal dicta una sentencia injusta y absurda! Felicitaciones Feli!”.
¿Por qué un municipio se involucra en conflictos penales de índole intrafamiliar? ¿Y por qué lo hace desde áreas de Género y no, en tal caso, desde áreas de Niñez?
LAS SECUELAS
Nicolás Balerdi revuelve la historia con paciencia, pero suena harto. Tiene tics nerviosos.
—¿Cómo fue que te querellara tu hija?
—Fue terrible. Me quería morir. La vi por una pantalla. Vi una nena que estaba como lenta, y odiando a los hombres. Me dio tristeza e impotencia. Me moría de ganas de decirle que me crea, que use su cabeza, que no se deje manipular.
—¿Cómo pasaste del inocente huyendo por los techos al culpable?
—Me condenan con lo que dice 15 años después una nena a la que toda la vida le dieron el trato de una nena abusada, le daban terapia en las agrupaciones feministas. Agregaron relatos nuevos, hechos nuevos, aparecieron cuadernos nuevos, maestras de la primaria y de la secundaria, gente que no sabe quién soy. Todo orquestado. Le pegué a una mesa de la impotencia. Jamás me imaginé que esto se iba a dar vuelta.
—¿Tenés miedo de que te metan preso?
—Terror. Hay días en que tengo fe y estoy más positivo. Pero otros me agarra pánico y ganas de gritarle al mundo “por favor, ayúdenme, soy inocente”. Tengo fe en que no voy a ir preso, sería irrisorio, pero sé que es una posibilidad. Porque ésta no es la historia de un vecino normal que labura y tiene un problema judicial con su ex, no es un litigio entre dos personas comunes. Yo estoy peleando contra el poder político. Mi ex es amiga de Hendel, de Vázquez, de Rozanski.
—¿Cómo te definís hoy?
—Tengo 44 años y soy un padre obstruido de disfrutar a mis dos hijas, hace 17 años, acusado falsamente por mi ex de abusar de mi hija. Voy a preservar los nombres de mis hijas. No sé si es lo correcto, ahora tienen 18 y 20 años, pero voy a preservar. Nacieron en 2006 y 2008.
—¿Por qué creés que lo hizo?
—No sé. Siempre buscó alejarme. En el juicio dio a entender que me usó como un semental. Dijo que no me amaba.
—¿Quién sos para tus hijas?
—Un monstruo, un brujo, calculo. No tengo idea de la vida de mis hijas.
—¿Cómo vivís hoy?
—Con mi mamá, gracias a Dios tengo un techo con ella, pero a veces se me dificulta el día a día hasta para conseguir un plato de comida. Sin poder ser parte de nada, paso cuota alimentaria todos los meses. Tengo deudas con el banco, se me hizo un choclo que no puedo sostener. Tenía un trabajo en relación de dependencia, que perdí por todo esto. Se te achican todas las opciones. Fui a probarme a un Coto y a una empresa de logística, y cuando ven mis antecedentes penales me dicen “quedó otro”. Prefieren evitarlo, y está bien, qué saben quién soy y qué problemas tengo.
—¿Llorás?
—Lloré mucho. Me enojé con Dios, con la vida, por no entender por qué fui merecedor de esto, de este karma, esta mochila. Ahora me cuesta llorar. Mi cuerpo entró en modo guerra, emergencia, no me permite entrar una bala más, ni mostrarme débil. Pienso que si flaqueo por ahí termino en las drogas, muerto, loco, chapita. Trato de mantenerme alegre. Me hice un caparazón: no mostrar mi dolor.
—Tu hija te querelló a los 18, ¿la perdonarías?
—Para mí las nenas están perdonadas hace años, son víctimas de una manipulación. Ellas no tenían conciencia. Están criadas con el feminismo, con que papá era un violador. No saben quién soy, no hay vínculo. No las pude criar, me perdí cumpleaños, Navidades, Fiestas. Mis hermanos y padres están privados de ser tíos y abuelos. Mi mamá merece antes de irse de este mundo poder ver a sus primeras nietas. Tiene 72 años.
—¿Te gustaría revincularte?
—Antes de la condena, pensaba “gracias Dios, voy a recuperar a mis hijas”. Hoy ya no pienso eso, siento que me puedo volver loco. Si Dios me dice tenés que elegir algo, elijo mi libertad y mi círculo. Necesito paz y ya no tengo más energía. Quiero tener los problemas de la gente común, no sé: pensar en pagar el gas.
—¿Pudiste rehacer tu vida?
—Me ha costado. Si ponés mi nombre en Google y te salen cosas feas y malas. Estuve de novio con una chica que tenía un hijo. Creía en mí, pero decía que los escraches la podían afectar a ella. O si yo voy preso la arrastro a eso a ella, y nadie merece eso. Hoy me cuesta invitar a alguien, en todo sentido.
—Tu caso fue muy mediático. ¿Qué pensás del periodismo?
—El día del juicio donde me absuelven ella hizo notas en C5N, a24, Crónica. A mí nadie me llamó. Hablaron muchas mierdas de mí, pero también le hicieron preguntas como dudando, y quedó muy expuesta. El periodismo es el cuarto poder. Es el que nivela la vara en los escraches, en la imagen. Podés ser inocente y te pueden matar o aniquilar, porque les sirve. O te pueden salvar y hacer las cosas como se deben hacer.
Balerdi es jugador de futsal. Un día, en ese ambiente, se cruzó con uno de los jueces que lo absolvieron el día de furia de 2015. Tuvieron este diálogo:
—No sé si usted me recuerda. No sé cómo son los demás casos que usted tiene, pero le quiero asegurar que usted actuó bien, yo soy inocente —dijo Balerdi.
—¿Sabés las presiones que recibió mi tribunal para condenarte? Pero yo prefiero irme a dormir sabiendo que apoyo la cabeza y estoy tranquilo —devolvió el juez.

Jueces Carlos Rozanski y Pablo Vega, en la época en que compartieron el TOCF N° 1 de La Plat


