En medio de las crisis, las guerras y la incertidumbre, la gente sigue escribiendo libros, pintando cuadros y haciendo música
Entre los sobresaltos de la realidad, la vida, la política y la economía, todos los días aparecen noticias que alteran la tranquilidad de la gente. Los ingresos que pueden perderse, la posibilidad de alimentar a la familia, la vivienda, los desalojos, el trabajo, las guerras en distintas partes del planeta. Todas esas cosas que dan vueltas en la cabeza de la gente y que se incrementan cuando los políticos, con sus conductas, alimentan la incertidumbre.
Y uno se pregunta cómo aguanta la sociedad todo eso. Cómo es que no se vuelve loca en situaciones tan apremiantes, con semejantes sobresaltos diarios.
Y de repente uno encuentra que en el piso de arriba hay un señor escribiendo un libro. Enfrente hay un tipo pintando un cuadro. En la otra cuadra alguien está templando una guitarra.
Y te preguntás: ¿cómo puede ser? ¿Qué es lo que permite que, en medio de todo este despelote, la gente siga haciendo esas cosas?
Se me ocurre que tal vez exista una especie de argamasa, de pegatodo, que es la cultura, que le da continuidad a la vida.

Craviola Giannini con la que Leon Gieco compuso “Solo le pido a dios”
El otro día estuve en arteBA y unos días antes había estado en otra exposición, en la Galería Larreta. Y veía gente que, de todos modos, seguía apostando al futuro. Porque el arte, la cultura, tienen que ver con eso, con el diseño del futuro.
Entonces me pregunto cuál es el motivo por el que una sociedad, en medio de todo este despelote, sigue haciendo cosas que en teoría requerirían tranquilidad, una situación de estabilidad.
Aunque el artista sabe bastante bien lo que es vivir sin estabilidad. Cualquier trabajador de la cultura vive, prácticamente, en una incertidumbre permanente. Y a pesar de eso logra una continuidad.
Es una cosa extraña.
Alguien se sienta a escribir un libro, y ese libro, como ocurrió tantas veces, puede llegar a cambiar la vida de mucha gente, tal vez de un país, o influir mucho más allá. O puede no pasar nada. Lo mismo con un cuadro, con una obra, con una canción. No se sabe. Pero el creador sigue haciéndolo.
Y tal vez por esa misma capacidad de darle continuidad a la vida, la cultura siempre despertó tanto interés entre quienes tienen el poder.
A veces los que quieren apoderarse de todo intentan boicotearla. Ven a los trabajadores de la cultura como enemigos, como saboteadores. Los atacan, prohíben. Esto no lo podés escribir, aquello no lo podés mostrar, esto otro no lo podés hacer.
Pero otras veces pasa exactamente lo contrario.
En lugar de intentar frenarla o censurarla, el poder la alimenta con dinero, intenta cooptarla, tenerla de su lado, manipularla.
Si uno se fija en la historia, muchos de los hombres más poderosos mantuvieron relaciones estrechas con grandes creadores a través del mecenazgo. Los financiaban, los protegían, les encargaban obras. Y en muchos casos conseguían tenerlos de su lado.
También está el mercado. Es muy difícil escapar de su influencia.
Si yo sé que una obra se vende porque tiene color amarillo, lo más probable es que empiece a pintar todo amarillo para vender más. Y entonces mi obra empieza a desnaturalizarse.
Y no hace falta que yo tenga conciencia de eso. No necesariamente decido traicionar lo que hago. A veces simplemente voy cambiando lo que hago en función de lo que se vende. El artista también necesita vivir.
¿No será que todo esto demuestra precisamente la importancia que tiene la cultura para la continuidad de una sociedad?
Muchas veces nosotros no la valoramos demasiado, pero el poder parece valorarla con bastante exactitud, porque intenta disminuirla o ponerla a su servicio.
No sé si la cultura explica por qué una sociedad no termina de volverse loca. Tal vez sea una parte de la explicación.
Una especie de pegatodo que impide que todo se divida en trescientos mil pedazos.

Saul steinberg


