Profanaron los féretros de la bóveda destinada al gift shop de La Recoleta

Por Gabriel Levinas

La Ciudad dijo que la bóveda estaba vacía. No lo estaba. Después aparecieron féretros violentados, restos humanos fuera de lugar y una licitación para convertir una tumba histórica en un negocio. En el medio, una familia a la que casi no buscaron, un patrimonio que dejaron deteriorar y millones que hoy ya recauda directamente el cementerio.



Para el Gobierno de Jorge Macri, la burocracia estatal parece encontrar siempre un atajo cuando hay plata de por medio.Primero dijeron que la histórica bóveda de la familia Girado estaba “deshabitada” para poder licitarla por un canon base de apenas $1.600.000 mensuales.Después publicamos las fotografías de los féretros que todavía estaban en su interior.Y entonces empezó el apuro.Ahora intervino la Justicia, la bóveda quedó clausurada preventivamente y aquella prolija ficción administrativa empezó a desarmarse. Porque había un pequeño problema: lo que se estaba licitando como vacío no estaba vacío. Había muertos adentro.

Buscaron poco y encontraron exactamente lo que necesitaban: a nadie

El argumento de la Dirección de Cementerios fue el abandono y la supuesta imposibilidad de localizar a los herederos.Mandaron las intimaciones al domicilio de una persona de la familia que años antes había realizado un trámite relacionado con la bóveda. Las notificaciones volvieron porque esa persona ya no vivía allí.Y ahí, curiosamente, terminó la búsqueda.Si verdaderamente se quería encontrar a los descendientes para que regularizaran la situación, existían mecanismos elementales para hacerlo. Se podía recurrir al RENAPER para localizar domicilios actualizados y buscar al resto de una familia que, como después quedó demostrado, está muy lejos de haber desaparecido.No se hizo.Los familiares sostienen además que tampoco se cumplió adecuadamente con la publicación de los edictos necesaria para garantizar que quienes tuvieran derechos sobre la bóveda pudieran presentarse.En cambio se dio por concluido el procedimiento y se avanzó hacia la recuperación del espacio.La pregunta es inevitable: ¿se estaba intentando cobrar una deuda o se estaba intentando conseguir una bóveda extraordinariamente bien ubicada para montar un negocio?Porque si uno quiere cobrar, busca al deudor.Si quiere quedarse con el bien, tal vez no encontrarlo resulte bastante más cómodo.

Licitar primero, resolver el problema después

Hay algo todavía más difícil de explicar.La Ciudad llamó a licitación mientras presentaba el espacio como una bóveda desocupada.No lo estaba.Es como ofrecer un departamento diciendo que está vacío y descubrir después que adentro vive una familia. Se puede discutir el título, la deuda, el contrato y hasta quién tiene razón. Pero no se puede empezar la discusión falseando la realidad material.Cuando tomé las fotografías del interior de la bóveda en agosto de 2026, se veía una hilera de féretros oscuros, ordenados en el interior de la cripta.Estaban ahí.Después de que esas imágenes se hicieran públicas comenzó otra historia.

Los Girado no son una familia cualquiera en la historia bonaerense

Y acá aparece un aspecto que hasta ahora quedó prácticamente afuera de la discusión.La bóveda Girado no es solamente el lugar donde una familia enterró a sus muertos. Forma parte de una historia mucho más antigua.Hay que retroceder hasta 1779, cuando el capitán de Blandengues Pedro Nicolás Escribano fundó el Fuerte San Juan Bautista, origen de la actual ciudad de Chascomús.Entre aquellos primeros hombres estaba Juan Gregorio Girado, integrante del cuerpo de Blandengues y mencionado por distintas fuentes históricas como lenguaraz del fuerte: el hombre capaz de comunicarse con las poblaciones indígenas de una frontera donde cualquier entendimiento podía significar la diferencia entre la convivencia y la guerra.Girado quedó definitivamente establecido en Chascomús. Años después obtuvo tierras al noroeste de la laguna para fomentar y arraigar la población y levantó allí La Alameda, una de las estancias históricas de la región.Sus descendientes continuaron vinculados durante generaciones con Chascomús y con la vida productiva, social e institucional de la provincia de Buenos Aires.No estamos hablando, entonces, de inventar retrospectivamente un linaje ilustre para salvar una tumba.Estamos hablando de una familia documentada desde los primeros años de la conformación de Chascomús.

Una bóveda que también es arquitectura


Hay además algo que cualquiera puede comprobar mirando la construcción.La bóveda Girado tiene valor más allá de quién esté enterrado en ella.Está dentro del Área de Protección Histórica Recoleta, en un cementerio que la propia Ciudad presenta al mundo como una extraordinaria obra de arquitectura y arte funerario.La bóveda tuvo mármoles, placas, ornamentos y bronces acumulados durante generaciones. Muchos desaparecieron. Otros fueron vandalizados.Y acá aparece otra paradoja.Durante años el Estado permitió que ese patrimonio se deteriorara. No pudo impedir que se robaran placas, bronces y mármoles de una construcción que estaba bajo su custodia.Ahora, frente al resultado de ese abandono, la solución parece ser declarar que la bóveda está deteriorada y convertirla en un local comercial.Primero no la cuidaron. Después utilizaron su deterioro como argumento para cambiarle el destino.Mi opinión es exactamente la contraria.Esa bóveda debería ser restaurada.Deberían recuperarse, hasta donde sea posible, su diseño, sus mármoles y sus elementos originales. Debería documentarse lo que desapareció y preservarse lo que queda.Porque un cementerio como Recoleta no tiene valor solamente por Sarmiento, Eva Perón, Alvear o los presidentes que están enterrados allí.Su extraordinario valor está en el conjunto.Borrar las piezas menos famosas termina destruyendo justamente aquello que convierte al cementerio en patrimonio.

De los féretros ordenados a la profanación

Pero el episodio más grave apareció después.Hace pocas horas, cuando una comitiva judicial encabezada por el Juez Roberto Andrés Gallardo, ingresó a la bóveda junto con integrantes de la familia Girado y su abogado, el panorama era completamente impactante, desgarrador, distinto del que mostraban las fotografías tomadas anteriormente.Los féretros ya no estaban ordenados.Había cajones violentados, destapados, caídos boca abajo en el piso, bolsas con los restos adentro y partes del contenido en el piso de la bóveda.El juzgado solicitó las fotografías originales y la certificación de la fecha en que fueron tomadas.Esas imágenes permiten establecer algo esencial en cualquier investigación: una línea de tiempo.En un momento determinado los féretros estaban de una manera.Después estuvieron de otra.Imaginemos por un minuto entrar a la bóveda de tu famila y ver semejante estropicio realizado de ex profesoY entre ambos momentos la bóveda se encontraba bajo la órbita y custodia del Cementerio de la Recoleta.Ahora será la Justicia la que tendrá que determinar qué ocurrió, quién intervino, cuándo lo hizo y bajo qué órdenes.Tal vez, para restituir dignamente los restos en su sitio, sea necesaria además la participación de especialistas capaces de identificar y reasociar científicamente los restos con los féretros correspondientes.Todo por una licitación que comenzó hablando de una bóveda “deshabitada”.Por respeto a los difuntos y a sus familiares he decidido no publicar las fotos que tuve oportunidad de ver.

¿Y para qué semejante apuro?

Llegamos finalmente a la plata.La licitación ofrece durante cinco años un espacio extraordinario dentro del Cementerio de la Recoleta para instalar un gift shop, vender alimentos y bebidas y operar el servicio de turismo nocturno.El canon base fijado por la Ciudad es de $1.600.000 mensuales.Eso significa apenas $19.200.000 al año como piso.A cambio, un privado obtiene durante cinco años un lugar privilegiado dentro de uno de los sitios turísticos más visitados de Buenos Aires y la posibilidad de explotar comercialmente la tienda, la gastronomía y las visitas nocturnas.Por estas últimas deberá entregarle a la Ciudad como mínimo el 20% de los ingresos brutos.Es decir: el Estado acepta como piso el 20% y permite que el restante 80% forme parte del negocio del concesionario, además de la explotación comercial del gift shop y los alimentos.La pregunta es bastante sencilla:¿por qué?

Una caja que ya existe y tiene un destino

Porque hasta ahora la Ciudad no necesitaba un kiosco privado para recaudar con el turismo del cementerio.La propia Ley 4977 creó el Fondo de Garantía Turística de los Cementerios de la Ciudad.La plata que pagan los turistas ingresa en una cuenta especial de la Dirección General de Cementerios y la ley establece para qué debe utilizarse: mantenimiento y conservación del patrimonio arquitectónico, histórico y cultural de los cementerios públicos.No es una abstracción.Un informe oficial de la propia Dirección General de Cementerios señala que entre enero de 2024 y septiembre de 2025 ingresaron por turismo $8.580.646.545.Más de ocho mil quinientos millones de pesos en menos de dos años.Esa plata ya existe.Ya se recauda.Y tiene por ley un destino vinculado al mantenimiento del patrimonio.Entonces la pregunta se vuelve todavía más incómoda:¿para qué introducir un privado en un negocio que el Estado ya realiza y cuya recaudación ya tiene un destino público específico?¿Qué extraordinario aporte empresarial justifica entregar durante cinco años una explotación comercial dentro de Recoleta por un canon que, comparado con el volumen turístico que mueve el cementerio, resulta insignificante?Estamos hablando, en definitiva, de un quiosco sofisticado: souvenirs, café, sándwiches, bebidas y una base desde la cual operar visitas nocturnas.No hay que construir una siderúrgica.No hay riesgo tecnológico.Hay que vender cosas a un público que ya está ahí y montar una suerte de boletería.Ta no es pescar en la pecera, es asaltar la pescadería.

El negocio y los muertos

Y mientras discutimos porcentajes, cánones y concesiones, conviene recordar cómo empezó todo.Con una bóveda histórica que la Ciudad declaró deshabitada cuando no lo estaba.Con una familia a la que no logró —o no se esforzó demasiado por— encontrar.Con una construcción vinculada a una familia que forma parte de la historia de Chascomús y de la provincia de Buenos Aires.Con un patrimonio arquitectónico que durante años sufrió robos y vandalismo mientras estaba bajo responsabilidad estatal.Y ahora con restos humanos que aparecieron fuera de los féretros y cuya manipulación deberá investigar la Justicia.La Ley 4977, además, contiene una frase que no necesita demasiada interpretación:“Queda prohibida toda actividad comercial, en sus diferentes formas, dentro de los predios de los cementerios del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.Después la misma ley reglamenta la actividad turística y crea un fondo para que los ingresos obtenidos de esas visitas vuelvan al mantenimiento de los cementerios.La Ciudad encontró allí la interpretación jurídica con la que pretende justificar el emprendimiento.La Justicia tendrá que decidir si esa interpretación alcanza para convertir una bóveda en un negocio.Mientras tanto queda una pregunta más elemental.Si el turismo de Recoleta ya produce miles de millones; si esa plata ya tiene por ley que utilizarse para conservar su patrimonio; y si precisamente estamos frente a una bóveda histórica que necesita restauración:¿no sería bastante más lógico utilizar esa plata para reconstruir las bóvedas como la de los Girado en lugar de convertirla en un boliche?En la Recoleta de Jorge Macri ocurrió algo bastante curioso.Dejaron deteriorar el patrimonio y después quisieron comercializarlo.Y se olvidaron de los muertos y de sus familias..

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