Cuando la ecología todavía no tenía nombre

Hay libros que sorprenden por lo que cuentan y otros por el momento en que fueron escritos. Éste pertenece a una tercera categoría: demuestra que una discusión que creemos contemporánea comenzó hace más de dos siglos. Al abrir sus páginas esperaba encontrar un magnífico trabajo sobre la ilustración científica española; encontré algo mucho más inesperado: la historia de un científico que denunciaba los daños de la pesca de arrastre cuando todavía faltaban casi cien años para que existiera la palabra ecología.
Juan Bordes, Académico Delegado de la Calcografía Nacional, recupera una de las empresas científicas y artísticas más extraordinarias de la España ilustrada: Los
Peces y demás producciones marítimas de España, un proyecto impulsado durante el reinado de Carlos III que estaba destinado a catalogar las especies marinas del reino, pero cuyo verdadero propósito iba mucho más allá de la clasificación zoológica. Antonio Sáñez Reguart, su principal impulsor, comprendió que el conocimiento científico debía servir también para proteger un patrimonio natural que ya comenzaba a sufrir los efectos de la explotación indiscriminada.
Lo que más sorprende es la lucidez de este erudito. Su principal preocupación era la pesca de arrastre, una práctica que denunciaba por destruir los fondos marinos, arrasar con huevos y ejemplares juveniles y alterar el equilibrio de los ecosistemas. Más de doscientos años después, esos mismos argumentos siguen siendo compartidos por buena parte de la comunidad científica internacional, que continúa señalando a la pesca de arrastre como una de las actividades con mayor impacto sobre los hábitats marinos. Leer hoy a Sáñez Reguart produce una extraña sensación: parece un biólogo marino del siglo XXI escribiendo en pleno siglo XVIII.

200 años antes que Greenpeace
Tan sorprendente como la visión del científico fue la del rey que decidió respaldarlo. Carlos III comprendió que aquel proyecto no era una curiosidad académica sino una auténtica política de Estado. Financió una empresa monumental que reunía ciencia, arte y administración pública con un objetivo inusual para su tiempo: conocer los recursos naturales para administrarlos y preservarlos. Esa amplitud de miras convierte al monarca en uno de los grandes impulsores del pensamiento ilustrado español. El proyecto reunió a científicos, dibujantes, grabadores y naturalistas en una empresa sin precedentes. Entre ellos sobresale Miguel Cros, autor de cientos de acuarelas realizadas directamente del natural. A partir de esos dibujos se realizaron las aguafuertes iluminadas que hoy constituyen uno de los mayores tesoros de la Calcografía Nacional.

whatsapp image 2026 07 09 at 5.11.40 pm

whatsapp image 2026 07 08 at 6.14.02 pm (1)

Las aguafuertes iluminadas basadas en los apuntes de Miguel Cros poseen una calidad extraordinaria. Desde el punto de vista científico alcanzan un nivel de precisión que,para los especialistas, resulta comparable al de una fotografía, aunque fueron realizadas casi dos siglos antes de que ésta existiera. Pero su valor va mucho más allá del documental. Son obras de una calidad artística excepcional que ocupan un lugar destacado entre las mejores ilustraciones científicas de fauna y flora jamás realizadas.Su realismo llega a ser perturbador. Cada escama, cada reflejo y cada textura parecen capturados del natural con una sensibilidad y una precisión que todavía hoy asombran. No deja de sorprender que imágenes concebidas para un tratado científico posean semejante fuerza estética.

Uno de los mayores aportes del estudio de Juan Bordes consiste, además, en corregir un error historiográfico repetido durante más de dos siglos. Tradicionalmente la obra fue atribuida a Juan Bautista Bru de Ramón, pero la investigación demuestra que el verdadero impulsor intelectual fue Antonio Sáñez Reguart y reivindica también el papel decisivo de Miguel Cros y de los grabadores que transformaron aquellas acuarelas en extraordinarias planchas calcográficas.
La muerte de Carlos III y, poco después, la invasión francesa de España terminaron por interrumpir aquella empresa excepcional. El país pasó de la tranquilidad reformista de la Ilustración al caos político provocado por la ocupación napoleónica. El gran tratado nunca llegó a completarse, aunque sobrevivieron las planchas, los dibujos originales y buena parte de los manuscritos, permitiendo reconstruir hoy una de las iniciativas científicas y artísticas más ambiciosas del siglo XVIII.
Más que la historia de un catálogo de peces, este libro recupera la historia de una idea: la de un científico que comprendió antes que casi nadie que los recursos naturales no eran infinitos; la de un rey con la apertura intelectual suficiente para financiar un proyecto destinado a protegerlos; y la de un grupo de artistas capaces de convertir la ilustración científica en una forma de arte. Dos siglos después, cuando el mundo sigue discutiendo cómo preservar los océanos, la obra de Sáñez Reguart demuestra que algunas de las mejores respuestas ya habían comenzado a formularse durante la Ilustración. Creo que esa es, precisamente, la mayor sorpresa que ofrece este extraordinario libro.

whatsapp image 2026 07 09 at 5.11.40 pm (1)

whatsapp image 2026 07 09 at 5.11.40 pm (2)

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio