Javier Milei sostiene que los Diez Mandamientos contienen los fundamentos del capitalismo y la libertad individual. Pero la Biblia que utiliza para justificar sus ideas también admite la esclavitud, castiga la desobediencia religiosa y establece obligaciones tributarias.
Los Diez Mandamientos y el capitalismo
Javier Milei encontró en los Diez Mandamientos el fundamento del capitalismo, la propiedad privada, la libertad individual y hasta la justificación para sostener que los impuestos son un robo. El problema es que, para llegar a esas conclusiones, necesita detener la lectura de la Biblia en el momento oportuno.
El 20 de abril de 2026, en la Universidad Bar-Ilan de Israel, sostuvo que las condiciones necesarias para el capitalismo estaban escritas en los Diez Mandamientos. No como metáfora, aclaró, sino como una correspondencia estructural.
Partió de la liberación de los hebreos de Egipto, que interpretó como una obligación universal de no esclavizar y respetar el proyecto de vida ajeno. Las prohibiciones de matar, robar y dar falso testimonio establecerían los derechos a la vida, la propiedad, los contratos y el intercambio voluntario.
El 30 de octubre, en la Universidad Torcuato Di Tella, volvió sobre esos principios para justificar su decisión de reducir el gasto público antes que aumentar los impuestos, porque considera que los impuestos son un robo.
No se trata de discutir las virtudes del capitalismo ni la conveniencia de bajar impuestos, sino de comprobar si los textos dicen realmente lo que Milei pretende encontrar en ellos.
Salir de Egipto no era alcanzar la libertad individual
Hay una distinción fundamental: salir de la esclavitud no significa necesariamente alcanzar la libertad individual.
Según el relato bíblico, Moisés conduce a los hebreos fuera del dominio del faraón, pero no hacia una sociedad donde cada persona pueda elegir su religión, sus autoridades o las leyes que desea cumplir. Los conduce a una alianza con Dios cuyas normas son obligatorias.
Éxodo 7:16 establece que la liberación tiene como finalidad servir a Dios. Y Levítico 25:55 afirma que los israelitas son siervos de Dios porque Él los sacó de Egipto.No es lo mismo dejar de servir al faraón que dejar de servir.
Dentro de aquella concepción religiosa, servir a Dios podía representar la forma más elevada de libertad.
Pero es algo distinto de la autonomía individual del liberalismo contemporáneo.
China ofrece un ejemplo moderno. Después de resistir la invasión japonesa, que comenzó en Manchuria en 1931 y se extendió en 1937, los chinos se liberaron del ocupante en 1945. Sin embargo, la guerra civil terminó con Mao gobernando una república comunista y Chiang Kai-shek imponiendo un régimen autoritario en Taiwán.
No estoy equiparando a Mao, Chiang y Moisés. Estoy distinguiendo liberación nacional de libertad individual.
Tampoco sabemos cuánto del relato de Moisés corresponde a acontecimientos históricos. La Biblia reunió tradiciones mediante un largo proceso de composición y edición, especialmente durante el exilio babilónico y el período persa. Los testimonios arqueológicos y manuscritos conservados permiten rastrear
distintas etapas de esa transmisión, no confirmar el Éxodo tal como fue narrado.[1]
Pero no necesitamos resolver esa cuestión para discutir con Milei. Si utiliza esos textos como fundamento político, podemos examinar qué establecen.

Rollos del Mar Muerto
La libertad religiosa y las penas de muerte
Deuteronomio 17:2-7 establece la lapidación para quien adore a otros dioses. Deuteronomio 13:7-11 ordena ejecutar incluso a un familiar que intente convencer a alguien de practicar otra religión. Y Deuteronomio 17:12 dispone la muerte de quien desobedezca deliberadamente a los sacerdotes y jueces competentes.
En Números 15:32-36, un hombre que recoge leña durante el Shabat termina apedreado por orden atribuida a Dios. No había matado ni robado, había incumplido una norma religiosa.
Tampoco cuestionar a Moisés era una actividad sin consecuencias. Números 16 relata la rebelión de Coré, Datán y Abiram. La tierra se abrió y tragó a varios rebeldes y sus familias, mientras un fuego consumió a 250 hombres. En otro episodio, el del becerro de oro, Éxodo 32 habla de aproximadamente tres mil
muertos.
Los cuarenta años de peregrinación tampoco fueron una excursión educativa para aprender a vivir en libertad. Números 14 los presenta como un castigo divino por la desobediencia de una generación que incluso había propuesto regresar a Egipto.
Sería absurdo exigirle a una sociedad antigua derechos formulados miles de años después. Pero también es absurdo afirmar que esos derechos ya estaban establecidos allí.
La esclavitud y la propiedad
La esclavitud presenta dificultades todavía mayores para la interpretación presidencial.
Éxodo 21:2-6 establece que el esclavo hebreo debe ser liberado al séptimo año, pero si su amo le había dado una mujer y habían tenido hijos, la familia seguía perteneciendo al propietario. Podía marcharse solo o continuar sirviendo.
Levítico 25:44-46 autoriza expresamente comprar esclavos extranjeros y transmitirlos como herencia a los hijos. No tenían el mismo derecho a ser liberados.
El pueblo liberado de Egipto podía comprar, poseer y heredar seres humanos.
La legislación también contempla trabajos forzados para poblaciones conquistadas y, simultáneamente, ordena tratar con consideración a los extranjeros y permitir el descanso de los siervos durante el Shabat.
[2]
Son disposiciones de una sociedad antigua, con protecciones y jerarquías que no se corresponden con la libertad individual moderna. No podemos seleccionar solamente las que nos resultan agradables.
Los reyes y los impuestos
La Biblia tampoco parece considerar que toda obligación económica impuesta por una autoridad constituya un robo.
David cobró tributos a pueblos sometidos. Cuando los israelitas pidieron un rey, Samuel les advirtió que el monarca se llevaría a sus hijos para el ejército y los trabajos públicos, tomaría tierras y exigiría parte de las cosechas y los rebaños.
Salomón organizó doce gobernaciones para abastecer su corte y movilizó obligatoriamente a treinta mil israelitas para trabajar por turnos en el Líbano. Esas prestaciones contribuyeron a construir el Templo, el palacio y otras obras.
No eran treinta mil personas que habían firmado voluntariamente un contrato con el rey.
Después de su muerte, el pueblo pidió a Roboán, su hijo, que aliviara las cargas. El nuevo rey se negó y la rebelión contribuyó a dividir el reino. La Biblia relata, por lo tanto, abusos fiscales y conflictos provocados por ellos, pero no una prohibición
general de cobrar tributos.[3]
Además, Números 18 establece diezmos para los levitas y Deuteronomio 14 dispone que cada tres años se destinen recursos a levitas, extranjeros, huérfanos y viudas. No eran impuestos estatales modernos, pero tampoco contribuciones voluntarias.
La legislación también obliga a reservar parte de las cosechas para los pobres, establece la remisión periódica de determinadas deudas y limita la venta permanente de tierras. Levítico 25:23 afirma que la tierra pertenece a Dios.[4]
Tenemos propiedad, herencia e intercambio, pero también obligaciones colectivas, límites a la propiedad y prestaciones obligatorias.
¿De dónde se desprende que no robar significa que el Estado no puede cobrar impuestos?
Puede ser una conclusión de una teoría política moderna. Lo que no puede hacerse es atribuírsela obligatoriamente a los textos bíblicos.
Los Macabeos y la libertad religiosa
Milei recurrió a los Macabeos durante su asunción en diciembre de 2023 y volvió a citarlos en Israel.
Recordó las palabras de Judas Macabeo: la victoria no depende del número de soldados, sino de la fuerza que viene del cielo.
Los Macabeos combatieron durante el siglo II antes de Cristo la dominación seléucida y la persecución de las prácticas judías. Pero sus propios relatos cuentan que Matatías mató a un judío que realizaba un sacrificio prohibido por su religión y que sus seguidores destruyeron altares paganos e impusieron circuncisiones por la fuerza.[5]
Combatían una imposición religiosa extranjera mientras imponían determinadas prácticas de la propia.
Podemos admirar su resistencia sin convertirlos en defensores anticipados de la libertad religiosa universal.
El rabino que prefirió al zar antes que a Napoleón
En 1812, Napoleón invadió Rusia. Para los judíos del imperio zarista, su victoria podía significar mayores libertades civiles y económicas.
Sin embargo, Schneur Zalman de Liadí, fundador de Jabad, la corriente jasídica de la que provienen los actuales Lubavitch, apoyó al zar Alejandro I.
Su razonamiento es revelador.
Consideraba que Napoleón podía mejorar la situación económica de los judíos, pero temía que esa libertad favoreciera la asimilación y debilitara la observancia religiosa. Prefería las restricciones del zar antes que arriesgar la continuidad espiritual de su comunidad.
Según los relatos de Jabad, un discípulo suyo, Moshe Meisels, que trabajaba como intérprete cerca del mando francés, transmitió información militar a los rusos.
Otros rabinos esperaban una victoria napoleónica. Schneur Zalman no representaba a todos los judíos.
Lo interesante es su jerarquía de valores: la fidelidad a la religión podía ser más importante que la emancipación civil.
En esa tradición, Pirkei Avot 6:2 enseña que no hay hombre libre salvo aquel que se dedica al estudio de la Torá. La libertad superior se alcanza mediante la subordinación de la voluntad individual a la voluntad divina.
No significa que Jabad rechazara siempre las libertades civiles. Bajo el régimen soviético defendió el derecho a enseñar y practicar su religión, y el sexto rebe fue encarcelado en 1927 por sus actividades religiosas.
Pero su concepción de la libertad no coincide necesariamente con la autonomía individual que reivindica Milei.

Moisés por Rembrandt.
Israel tampoco nació libertario
El Estado de Israel, creado en 1948, fue conducido inicialmente por David Ben-Gurión y dirigentes del sionismo laborista, profundamente influidos por ideas socialistas.
Los kibutzim se organizaban sobre el trabajo y la propiedad colectivos, mientras los moshavim combinaban explotaciones familiares con formas de cooperación. La Histadrut era una poderosa central sindical que también administraba empresas y servicios.
Según una estimación histórica, durante las décadas de 1940 y 1950 aproximadamente el 80 % de la actividad agrícola correspondía a kibutzim y moshavim. Eso no significaba que toda la economía fuera socialista. Israel tenía una economía mixta con importante participación privada, cooperativa y estatal.
Su nacimiento estuvo acompañado por planificación económica, controles de precios y racionamiento.
Tampoco estuvo exento de restricciones a las libertades: entre 1948 y 1966 buena parte de sus ciudadanos árabes permaneció bajo administración militar, y las instituciones religiosas todavía conservan competencias en materias como matrimonio y divorcio.Israel no nació como un experimento libertario ni como un Estado mínimo.
Eso no convierte al judaísmo en socialista, del mismo modo que los Diez Mandamientos tampoco lo convierten en capitalista.
La libertad de quienes no molestaban a la dictadura
Hay otra experiencia que conocí personalmente.
Durante la dictadura militar argentina había gente que trabajaba, iba al cine, salía a comer, viajaba y creía llevar una vida normal. Había aprendido a no hablar de política, no cuestionar a las autoridades y evitar cualquier actividad peligrosa.
Podían afirmar que hacían lo que querían. Mientras tanto, había secuestros, desapariciones, asesinatos, censura y persecución de periodistas.
Vivir tranquilamente porque uno aprendió a obedecer no demuestra que exista libertad. normas impuestas por una autoridad no equivale necesariamente a poseer libertad individual.
No estoy comparando a Moisés con los militares argentinos. Estoy señalando que cumplir las normas impuestas por una autoridad no equivale necesariamente a poseer libertad individual.
El verdadero anacronismo
Sería absurdo reprocharle a Moisés no haber sido liberal, no haber establecido una democracia parlamentaria o no haber abolido todas las formas de servidumbre del mundo antiguo.
Pero es igualmente absurdo atribuirle el liberalismo contemporáneo, el principio moderno de no agresión o una teoría económica según la cual cobrar impuestos constituye un robo.
La Torá contiene prohibiciones contra el asesinato, el robo y el falso testimonio. También establece obligaciones hacia los pobres, protege a extranjeros y deudores, limita la propiedad y regula la servidumbre. Simultáneamente admite la esclavitud, los castigos religiosos, los trabajos forzados y una autoridad que no reconoce la autonomía individual en el sentido moderno.
No hace falta negar la riqueza moral de esos textos. Al contrario, comprenderla exige reconocer sus tensiones y las interpretaciones desarrolladas durante siglos.
Podemos admirar a Moisés por conducir a los hebreos fuera de Egipto, reconocer el significado del Éxodo para el judaísmo y comprender que Pésaj celebre aquella liberación.
Podemos admirar a los Macabeos por resistir una persecución religiosa, aunque no compartamos las imposiciones que sus propios relatos les atribuyen.
Podemos comprender que Schneur Zalman privilegiara la continuidad religiosa de su comunidad frente a la emancipación civil, sin compartir esa jerarquía de valores.
Y podemos reconocer que Israel fue construido con una participación decisiva de socialistas y cooperativistas, sin pretender que eso transforme al judaísmo en una doctrina económica determinada.
La liberación de un pueblo, la independencia de un Estado, la preservación de una religión y la libertad individual no son lo mismo. Pueden coincidir, pero también entrar en conflicto.
China se liberó del ocupante japonés sin conquistar una democracia liberal. Los hebreos, según la Biblia, dejaron de servir al faraón, pero debieron obedecer leyes religiosas cuya infracción podía castigarse con la muerte. Los Macabeos combatieron la persecución de su religión mientras imponían algunas de sus
prácticas por la fuerza. El fundador de Jabad prefirió un zar restrictivo antes que una emancipación que consideraba peligrosa para su comunidad.
Todos hablaban, de alguna manera, de libertad. No estaban hablando de lo mismo.
Milei tiene pleno derecho a defender el capitalismo, la propiedad privada y su concepción de la libertad.
Puede encontrar inspiración en los Diez Mandamientos y en la historia del pueblo judío.
Lo que no puede hacer, sin exponerse a una contradicción fácilmente comprobable, es afirmar que esos textos contienen estructuralmente los fundamentos de su doctrina económica y política mientras ignora las
disposiciones que no encajan con ella.
Porque la misma Biblia que relata la liberación de los hebreos permite que posean esclavos. Los libros que exaltan la obediencia a Dios establecen castigos mortales por practicar otras religiones. Y la historia de ese pueblo incluye reyes que cobran tributos, imponen trabajos obligatorios y someten a otras poblaciones.
Tal vez el problema de Milei no sea solamente su interpretación arbitraria de la Biblia, sino su propia concepción de la libertad. Cuando alguien lo contradice, suele reaccionar con insultos, descalificaciones y acusaciones. No parece reconocer en quien piensa distinto a una persona que está ejerciendo su libertad,
sino a un enemigo al que hay que combatir. Pareciera que, para Milei, uno es libre siempre que piense como él.
Tal vez por eso encuentra tan fácilmente la libertad individual en un relato donde un pueblo deja de obedecer al faraón para someterse a las leyes de Dios, leyes que podían castigar la desobediencia hasta con la muerte. Tal vez su idea de libertad esté más cerca de aquella concepción bíblica y arcaica, donde disentir podía ser un pecado y desobedecer un delito, que del liberalismo moderno que dice defender.
Tal vez esa intolerancia bíblica explique algunas de las contradicciones de un presidente que se proclama libertario, pero parece tener tantas dificultades para aceptar que los demás también sean libres.
Notas
[1] La estela de Merneptah, aproximadamente de 1208 a. C., contiene la primera referencia extrabíblica generalmente aceptada a Israel, pero no al Éxodo. Los amuletos de Ketef Hinnom conservan una bendición semejante a Números 6:24-26. Los manuscritos del mar Muerto incluyen textos bíblicos desde
aproximadamente el siglo III a. C. La Biblia hebrea completa conservada más antigua es el Códice de Leningrado, de 1008-1009 d. C.
[2] Deuteronomio 20:10-18 regula la sumisión de ciudades enemigas, el trabajo forzado y la destrucción de determinadas poblaciones. Levítico 19:33-34 ordena tratar con consideración al extranjero residente.
Deuteronomio 5:14-15 incluye a siervos y extranjeros en el descanso del Shabat.
[3] Segunda de Samuel 8:2-6 relata los tributos impuestos por David. Primera de Samuel 8:10-18 contiene la advertencia de Samuel sobre los reyes. Primera de Reyes 4:7 y 5:13-18 describe el abastecimiento de la corte y las levas de Salomón. Primera de Reyes 12:1-19 relata la rebelión contra Roboán.
[4] Levítico 19:9-10 obliga a dejar parte de la cosecha para pobres y extranjeros. Deuteronomio 15:1-11 regula la remisión de deudas y la asistencia a necesitados. Levítico 25:8-28 establece las disposiciones del jubileo y las limitaciones sobre la propiedad de la tierra.
[5] Primera de Macabeos 2:23-25 narra la muerte del judío que realizaba el sacrificio y del funcionario seléucida. Primera de Macabeos 2:44-46 relata la destrucción de altares y las circuncisiones forzadas. Los libros de los Macabeos no integran el canon de la Biblia hebrea, aunque los dos primeros forman parte de
la Biblia católica.

El Rey Salomón por Nicolás Poussin


