A dos años de la desaparición de Loan Peña y en medio del juicio que involucra a 17 personas abundan los relatos fantasiosos y hasta delirantes sin verdaderos fundamentos probatorios. Pero los datos vinculados a su pérdida continúan sobre la mesa hablan por sí solos. Para comprender la escena hace falta analizarlos con rigor y extraer conclusiones lógicas. Por supuesto, la verdad no siempre es atractiva ni fácil de digerir.
La verdad puede o suele ser menos divertida de lo que las audiencias pretenden. Ha quedado más que claro en estos últimos 10 años atravesados por las redes sociales que el consumidor de información prefiere un relato bien condimentado y ajeno a la realidad, incluso delirante, antes que el dato fehaciente, confirmado, chequeado y tamizado por un proceso de investigación científica, si este último no es tan atractivo.
Es lo que viene denunciando hace rato el historiador Yuval Noah Harari en su serie de libros sobre la humanidad y su vínculo con el desarrollo tecnológico. El último de ellos “Nexus” acerca de los peligros inminentes de la Inteligencia Artificial.

“Los humanos sabemos muchas más verdades que ningún otro animal, pero también creemos en muchas más insensateces. Somos, al mismo tiempo, los habitantes más listos y los más crédulos del planeta”, escribió el autor en una columna de The New York Times llamada “¿Por qué la ficción triunfa sobre la verdad?”.
Otra de las cosas que explica Harari es que obtener la verdad puede resultar más costoso que simplemente alucinar.
A 2 años de la desaparición de Loan Peña es insoslayable que su pérdida ha sido el disparador de una maquinaria ficticia que en todo este tiempo nunca dejó espacio a la verdad. La enorme mayoría de los periodistas involucrados en la cobertura no realizaron un análisis crítico de los datos que se encontraban dispersos y sobre la mesa desde el día 0.
En su lugar, ellos y otros actores sociales con intereses personales e institucionales de lo más variado, empujaron uno o varios relatos atados a ninguna probabilidad estadística seria. Por caso, Loan fue visto en Brasil, en Colombia y en Paraguay. O bien, fue víctima de una red internacional, de una venganza o un complot familiar para venderlo o comercializar sus órganos por varios millones de dólares y las teorías siguen.
En este espacio de tiempo, los abogados de la familia también apuraron resultados como si conocieran la “verdad-verdad” con sólo olfatear la escena de los hechos en un campito de Corrientes.
“Yo pienso que ya no está en el país. Que cruzó la frontera. Ahí está muy cerca Paraguay y Brasil”, aseguró el mediático abogado Fernando Burlando en septiembre de 2024 cuando asesoraba a la familia.
Por su lado, Juan Pablo Gallego, el abogado que reemplazó a Burlando, dijo en enero de 2025 que el caso estaba resuelto en un “en un 98 por ciento”. “Laudelina Peña planificó y guio, Camila Peña ayudó, Antonio Benítez propuso, Mónica Millapi captó al niño y Daniel Ramírez lo entregó a Pérez”, aventuró.
En esta suerte estofado de “visiones” casi esotéricas también tuvieron su papel personajes de telenovela caribeña que se hicieron pasar por integrantes del FBI o de la Fundación Dupuy. ¿Qué los motivaba a intervenir y ensuciar la cancha? Cada cual conservaba su motivo y tanto el dinero como el solo hecho de figurar en pantalla pueden considerar razones de peso aunque suene un poco extraño mencionarlo.
El juicio por la desaparición del chico involucra a 17 personas. 8 de ellas estuvieron aquel día clave en esta retorcida historia, los demás fueron imputados por entorpecer los trabajos de investigación.
El menor participó de una caminata familiar en el campo de su abuela en Corrientes el 13 de junio de 2024 cuando fue visto por última vez.
Una de las hipótesis principales establece que el niño fue víctima de una compleja y numerosa confabulación y posterior entrega del infante de la que participaron familiares directos y conocidos.
“Sabemos quiénes se lo llevaron, lo que todavía no sabemos es por qué”, declaró el fiscal Carlos Schaefer.
Sin embargo, en la práctica resulta altamente improbable que los adultos sospechosos de una confabulación hayan realizado recorridos largos desde el naranjal (donde estuvo antes de esfumarse) con el niño en brazos (y que este haya permaneciendo en silencio) para después entregarlo en la zona de la vieja escuela, según la teoría principal. Los datos sobre movimientos, tiempo y espacio siempre estuvieron a luz, pero poco se indagó en ellos con criterio metodológico.

Los olores consistentes en dos vehículos de Pérez y Caillava, sangre en la parte delantera de la camioneta y el minuto a minuto en la zona del naranjal.
A pocos días de desaparecer, fuentes nacionales confirmaron a este periodista que investigadores de la Policía Federal, enviados desde Buenos Aires, concluyeron que el caso Loan se trató de un “accidente” con posterior ocultamiento y no de un hecho de trata o un secuestro armado entre varios de los actores presentes.
La teoría del traslado del niño en la camioneta de Carlos Pérez y Victoria Caillava tiene asidero abonando la versión del accidente de Laudelina Peña quien la declaró una vez a la policía y dos veces a la justicia antes de desdecirse. Es decir, el accidente posee una lógica irreductible que la investigación oficial se ha negado a observar con ahínco y los medios ni hablar. ¿Demasiado simple?
Los especialistas encontraron fuertes rastros oloríficos de Loan en la camioneta y en un vehículo de Pérez y Caillava. Incluso descubrieron sangre de un varón sin identificar en el sector delantero de la camioneta. También hay un testigo que asegura haber visto a Caillava lavando la 4×4 por fuera poco después de su ida al campo.
En las imágenes de video de la camioneta en el hospital al cual acudió Caillava la misma noche de la desaparición de Loan, se observa al rodado brillante y limpio. Pérez había declarado que su camioneta no había sido lavada y que era una “pelota de mugre”.
Vamos a lo que se sabe con total certeza.
A las 13.52 un grupo de adultos, compuesto por Laudelina Peña, Camila Peña, Mónica Millapi, Daniel “Fierrito” Ramírez, junto a 6 niños, entre ellos Loan, avanzan por el camino (llamado por la familia como el “callejón), hacia un naranjal ubicado a 550 metros de la casa de la abuela Catalina Peña. Antes de ese horario compartieron un almuerzo desde el mediodía. Como se puede observar en las fotografías hubo al menos una botella de vino, una petaca y probablemente otras bebidas que Pérez guardaba en una heladera portátil. Estos dos últimos datos surgen de testimonios de los presentes.
Arriban al naranjal alrededor de las 14. Laudelina y Camila llegan a la mitad y regresan pero antes Laudelina busca naranjas a un costado del callejón. En el naranjal ya se encontraba Antonio Benítez quien se había adelantado y descansaba a la sombra de un árbol. Benítez dice haber pelado 3 naranjas para los chicos, la última de ellas destinada a Loan. Según un promedio tomado de una IA, pelar una naranja puede llevarse entre 1 y 3 minutos. Entonces Benítez se dedicó a esta tarea mientras permanecía sentado junto a un árbol, indican los testimonios.
A las 14.09 Fierrito hace un llamado telefónico a su hermana Mabel por un tema de salud. La comunicación se prolonga por 8 minutos. Concluye a las 14.17. Millapi cuenta que estaba cerca de los niños, a unos 20 metros de Benítez y de “Fierrito”, pero, inquieta por la comunicación telefónica, se distrae y presta atención a su pareja. De su declaración se desprende que Loan se había sumado a los demás menores después de recibir su naranja de manos de Benítez. Mantuvo la naranja en su mano y después aparentemente la dejó caer.
Terminada la llamada, Millapi no observa a Loan. Entre las 14.09 y las 14.17, como máximo, Loan compartió juegos junto a los otros chicos y finalmente partió o se movió de este espacio no sin antes avisar que partía. Según declararon algunos de los menores en cámara Gesell, Loan anunció que se regresaba con su padre José Peña. Ellos fueron quienes lo vieron por última vez a Loan.

¿En qué momento exacto desapareció Loan?
Siguiendo esta línea, Loan desapareció o se fue del naranjal entre las 14.09, horario en que comienza la llamada de Fierrito y todavía está al alcance de la vista de Millapi, y las 14.17 en que ya no se divisa en el lugar.
Los propios niños ofrecen una perspectiva clara de la secuencia que derivó en la desaparición de Loan. Descrito a un préstamo que anuncia el regreso y se marcha en soledad. Benítez está sentado y Millapi distraída observando a su marido que habla por teléfono.
En caso de confabular su secuestro, uno de los dos, Benítez o Millapi, debería haber agarrado por la fuerza a Loan para llevárselo a toda carrera por el callejón y virar hasta la zona de la vieja escuela para entregárselo a otra persona o a Pérez y Cavailla.
Los niños a escasos metros de esta acción imaginaria tendrían que haberlo captado. Una secuencia de tal envergadura no habría pasado desapercibida en la cámara Gesell.
Siguiendo esta hipótesis, ya en la escuela Millapi o Benítez lo entregan a Pérez y Cavailla, coincidiendo al menos en parte con los primeros y reveladores testimonios de Laudelina.
Acto seguido tendrían que haber vuelto a gran velocidad al naranjal (corriendo) para finalmente iniciar el proceso de regreso, como si nada hubiera sucedido, a la casa por el callejón junto a los demás adultos y menores. Resulta un hecho muy improbable desde las matemáticas del propio asunto.
Volviendo a los datos confirmados. Entre las 14.17 y las 14.24, con los adultos iniciando el regreso junto a los niños, se desarrolla la siguiente secuencia establecida por las declaraciones del caso: Millapi no ve a Loan con los demás chicos, y le dice a su sobrina Nicole que le avise a Benítez sobre esto, Benítez llama por primera vez a Laudelina Peña (14.24) que permanece en la casa con Catalina Pena, Camila Peña, José Peña, Victoria Caillava y Carlos Pérez.
Laudelina contesta el segundo llamado de Benítez a las 14.25 y la comunicación dura 9 minutos. Macarena, otra hija de Laudelina, hace la siesta en la propiedad. Laudelina declaró que la comunicación se prolongó porque no cortó la llamada. Del otro lado, el llamado dura segundos. Benítez confirma a los demás que el niño no llegó.
La distancia entre el naranjal y la casa de Catalina o el camino de acceso de vehículos es de 550 metros. Según cálculos estadísticos entregados por una IA, un niño de 5 años puede caminarlos en 10 minutos o menos. De acuerdo a los primeros abogados de la familia el trayecto puede ejecutarse en 7 minutos con 36 segundos.
Loan se despidió de los niños antes de las 14.17 porque para entonces Millapi declaró que no estaba allí. Si efectivamente recorrió el callejón por donde había venido o incluso si se desvió en un sector donde existe una apertura hacia un campo despejado (para desembocar en los alrededores de la Escuela), pudo alcanzar el camino rural alrededor de las 14.26/30 (aceptando márgenes de demora por la superficie campestre). La camioneta de Pérez y Caillava salió de la casa alrededor de las 14.30, según declaró Laudelina. Aunque para corroborar este dato había más testigos.
Los tiempos y distancias anlizados ubican al matrimonio y al niño en el mismo punto y lugar alrededor de las 14.30.
El dato clave que entregó el marino sin darse cuenta
La declaración de Pérez respecto a la velocidad a que avanzaban saliendo del campo no hace más que subrayar la posibilidad del impacto. “Nosotros salimos a paso de hombre, como se puede salir de la casa de Catalina, donde el promedio nos daba 24 km/h”, dijo el ex marino. Un cálculo matemático simple de 24000 (metros/hora) dividido en 60 minutos (hora), entrega que la 4×4 avanzaba a 400 metros por minuto.
Por lo tanto, es directa la relación entre la ubicación de Loan (14,26/30), llegando a la zona de la escuela, y la salida de la camioneta de la casa. Si Pérez y Caivalla salieron 14.30 de la casa de Catalina en aproximadamente 2 minutos o menos cubrieron el tramo que separa la propiedad de la escuela. Unos 600 a 800 metros.
De acuerdo a los datos entregados por la jueza Cristina Pozzer Penzo, el perro amaestrado Nerón, efectivamente encontró un rastro de olor de Loan regresando desde el naranjal por el callejón para luego dirigirse hacia la vieja escuela.
Aunque Laudelina insistió para ir al naranjal, finalmente decidió volverse a la mitad del recorrido con Camila. A las 14.13 aproximadamente ambas estaban en la casa y comenzaron a cocinar. A las 14.15 Pérez le dice a su mujer que se quiere ir. Caillava asegura recordar con precisión el horario.
Pérez se quería ir porque no le gustaba la comida
Según trascendió, Pérez no estaba cómodo en la casa, tampoco con la comida. Es razonable imaginar que el ex marino no quería volver a comer en el lugar y que la acción de Camila y Laudelina le hizo entender que la visita podría prolongarse por bastante más tiempo. Es apenas una suposición amparada en cierta lógica.
¿Pérez había bebido? Laudelina indica que sí. El comisario Walter Maciel también apuntó en este sentido a José. El padre que estuvo con él lo niega. ¿Había bebido el padre?
A pesar de la premura de Pérez, su esposa le dice que antes de partir quiere buscar naranjas y salen hacia la parte posterior de la casa con Laudelina. Unos diez minutos después inician la despedida, según se sabe. A las 14.30 se encuentran circulando por el camino.
Poco después de la desaparición, Laudelina entregó al comisario general, Héctor Fabián Rodríguez, la versión del accidente que luego desmintió. Sin embargo, en esta conversación y en otra con un canal de tevé, la mujer se ubica a sí misma buscando a Loan en “el campo” (textual), haciendo referencia al camino rural y no al callejón. De modo que Laudelina se encontraba en una ubicación privilegiada para observar un accidente o una sustracción si es que esto sucedió.
El hecho de que Laudelina haya estado directamente vinculado al descubrimiento del botín hace más creíble su versión entregada a Rodríguez.
Más de 1000 personas buscaban al niño en esos días y ella lo encontró. Dijo que se lo había entregado Caillava bajo quien antes la había amenazado de muerte.
Un mapa interactivo sobre cómo pudieron ser los hechos.
En este mapa se observa el movimiento de los que participan de la caminata al naranjal, el posible regreso de Loan desviándose por un sector despejado, marcado posteriormente por uno de los perros, y el encuentro con la camioneta pasadas las 14.30 en el sector de la vieja escuela.



