Jamieson Greer duda de las políticas de Milei

¿Anti Milei? Un funcionario clave de Trump criticó la apertura y desregulación comercial y elogió el uso de aranceles y los consejos económicos de Keynes

A contrapelo del credo mileísta, el representante comercial de EEUU, quien negoció por Washington el acuerdo de Comercio e Inversiones con la Argentina, pidió en la revista del FMI que los economistas hagan menos supuestos y tengan más en cuenta los hechos.

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Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, sostuvo en la revista del Fondo Monetario Internacional que los aranceles deben volver al centro de la política económica, definición que choca con la estrategia aperturista del gobierno de Javier Milei y adquiere un peso adicional por tratarse de uno de los funcionarios clave en la negociación del Acuerdo de Comercio e Inversiones que Washington firmó con la Argentina.

Greer afirmó en Finanzas y Desarrollo, la tradicional publicación del FMI, que el déficit comercial de bienes de Estados Unidos llegó a USD 1,2 billones (millones de millones) anuales debido a la liberalización comercial que en las últimas décadas debilitó los niveles de inversión y producción industrial y, en consecuencia, también los de empleo e ingresos internos.
El funcionario del gobierno de Donald Trump explica que durante cerca de 30 años los aranceles y la regulación de importaciones quedaron fuera del repertorio aceptable de medidas públicas, no porque hubieran fracasado en la práctica sino porque los modelos económicos dominantes los descartaron de antemano, exclusión que redujo el universo de herramientas disponibles para enfrentar los problemas económicos.

La implicancia política de ese enfoque excede el debate técnico. Greer no escribe como académico, sino como jefe de la política comercial de EEUU y es además quien negoció el acuerdo bilateral de comercio e inversiones con la Argentina. Su defensa de los aranceles expresa una línea oficial y afirma que los arquitectos del sistema económico internacional de posguerra nunca imaginaron un comercio completamente desregulado.

“Uso robusto” de aranceles

Más aún, subraya que el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, predecesor de la Organización Mundial del Comercio, OMC) fue diseñado para permitir un “uso robusto” de los aranceles de modo de proteger la seguridad nacional de un país, evitar daños a sus industrias, responder a la competencia desleal, promover el desarrollo y enfrentar problemas de balanza de pagos.

Ese diseño, agrega, en el caso de EEUU convivía con otros instrumentos de administración comercial, como el Comité Coordinador para el Control Multilateral, que alineó restricciones entre EEUU y sus aliados frente a la Unión Soviética, y mencionó acuerdos plurilaterales como el International Tin Agreement, que gestionaba el comercio de insumos estratégicos y la protección de cadenas de suministro.
Según Greer, ese pragmatismo fue abandonado en los años ’90s cuando, tras la caída del Muro de Berlín, se impuso la “hiperglobalización” y se crearon la OMC y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que a su juicio sirvieron para que las multinacionales se instalaran “donde encontraran subsidios y normas laborales y ambientales más débiles”.

La apertura irrestricta, subraya, no produjo el equilibrio prometido. Cuando Trump llegó por primera vez a la presidencia, “EEUU ya había perdido millones de empleos manufactureros de alta calidad, habían cerrado más de 70.000 plantas, los salarios de la clase trabajadora habían quedado rezagados y la base industrial se había debilitado”.

Se trata de una visión opuesta a la orientación económica del gobierno argentino, que apostó a la apertura comercial y cuya crítica a las barreras aduaneras es parte constitutiva de su identidad política. Greer, en cambio, defiende las tarifas como un instrumento “flexible, directo y necesario” para corregir déficits persistentes y estimular producción local.

Apelación a Keynes

Particularmente llamativa es la apelación de Greer a John Maynard Keynes y sus argumentos en favor de regular el comercio tanto en 1933, en medio de la Gran Depresión, como en los debates de posguerra y particularmente en Bretton Woods, de donde surgieron el FMI y el Banco Mundial. “Es hora de que los economistas sigan el ejemplo (take a cue) de Keynes y tomen al mundo como es y no como quisieran que sea”, dice expresamente Greer, quien critica como irreales los supuestos asumidos en los habituales modelos de análisis, desde “pleno empleo hasta transiciones sin fisuras de trabajadores entre diferentes industrias y geografías”.

De este modo, dice, la teoría económica desecha realidades que la gente común o los políticos prácticos (“como yo”, dice Greer) viven a diario. Los costos de transición, subraya, son “reales y severos”, y cita la suerte -descripta en estudios de David Autor, un profesor de Harvard- de muchos trabajadores norteamericanos expuestos al “China shock”, la irrupción comercial del gigante asiático.

La defensa más concreta del uso de aranceles aparece cuando Greer discute el modelo de análisis del FMI que minimiza el efecto de las tarifas sobre los desequilibrios externos y no incorpora la relocalización transfronteriza debido al “salto arancelario”. Esa omisión de los modelos -dice- es justamente la vía por la cual los aranceles surten efecto.

De Ronald Reagan a Donald Trump

Al respecto, menciona que cuando a principios de los ‘80s Ronald Reagan restringió el acceso al mercado de EEUU de autos japoneses generó un auge de radicaciones productivas dentro de EEUU que generaron 100.000 nuevos empleos y más de300 nuevas plantas de producción ligadas a la industria automotriz de EEUU.

El segundo ejemplo citado son los aranceles de salvaguarda que en 2018 impuso Trump contra los lavarropas de China, que llevó a la construcción de grandes plantas de las coreanas Samsung y LG para hacer lavarropas en Carolina del Sur y Tennessee, dentro de EEUU. Y actualmente, abundó, Mercedes-Benz está invirtiendo USD 4.000 millones en su planta de Alabama debido a la política arancelaria de Trump.

Comercio bilateral con China

Greer asegura que la política arancelaria de Trump ya en 2025 redujo 32% el déficit bilateral con China y el déficit comercial total y pide revisar las herramientas de análisis y las recomendaciones de política económica del FMI. La conclusión política del planteo luce nítida: el principal negociador comercial de Trump con la Argentina defendió en la histórica revista del FMI una política de tarifas, regulación e intervención estatal para reorganizar el comercio, la inversión y la producción, invocando a Keynes y en abierta oposición al discurso y las políticas mileístas.
La oportunidad y el contenido de la nota de Greer debe leerse también a la luz de recientes y probablemente también próximas medidas del gobierno de Trump, para contrarrestar los efectos del fallo de la Corte Suprema de Justicia de EEUU que barrió con el grueso de las medidas arancelarias que el jefe de la Casa Blanca inició el 2 de abril de 2025, el llamado Liberation Day.

Trump ya anunció la imposición de nuevas tarifas a socios comerciales que no combatan el “trabajo forzado” y su administración, incluido el propio Greer, trabaja en nuevas medidas a tener listas para fines de julio, cuando expira el plazo máximo de 150 días de vigencia de los parches a los que recurrió tras el fallo del máximo tribunal de EEUU.

u.s. trade representative jamieson greer

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