Por Cristian Guimera (@Cristiang10 )
El modelo económico del kirchnerismo apuesta a la reactivación de las recetas keynesianas: estímulo al consumo y a la producción. Un plan que incluso EE.UU. impulsó en tiempos de crisis.
El plan “LCD para todos” que lanzó el gobierno nacional, no forma parte de un simple slogan con el que se intenta seducir a los argentinos, se trata más bien de una política económica basada en las ideas de John Maynard Keynes y está direccionada a incentivar el consumo para lograr un aumento en la inversión. Este modelo, al cual muchas veces se refiere Cristina Fernández, se basa en una fuerte intervención estatal en la economía.
El programa de compra de televisores LCD que se estableció en 2.700 pesos, financiado a 60 meses, con un acuerdo con el Banco Nación, por el que se acreditan los subsidios y los haberes nacionales, coincide con el plan de adquisición de heladeras que fijó el Gobierno en 2008 y con los créditos subsidiados para comprar bicicletas nuevas en 2009. Todos estos con un objetivo común: incrementar el consumo.
Hace tres años atrás, cuando los países más desarrollados sufrieron fuertes caídas en sus economías por la crisis bursátil, Argentina quedó bien parada ante esto por la aplicación de las ideas keynesianas, que también aplicó Perón en su presidencia y que además aplicó el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1938, cuando Norteamérica atravesaba una fuerte crisis económica.
El objetivo que persiguen estos planes de financiación y compra, que estimula la gestión kirchnerista, como así también los distintos feriados largos, es generar un alto consumo para que éste atraiga más inversión y así se generen nuevos puestos de trabajo. Otro eje central de esta política económica keynesiana, también llevada a la práctica por el Gobierno, es el gasto público, para absorber al sector que queda fuera del mercado laboral privado.
Después del enfrentamiento ideológico entre capitalismo y comunismo en el siglo XX durante la Guerra Fría, en esta nueva etapa, el debate entre la mayoría de los países, se da por el intervencionismo o neoliberalismo. Por el primero no solo se inclinó nuestro país sino también Barack Obama, que en su momento apostó al estatismo de algunas empresas bancarias y automotrices para poder salir de la crisis originada en 2008 y además propinó medidas de obras públicas.
A diferencia de los \’90, cuando el crecimiento económico que se dio favorecía solamente al sector empresarial a corto plazo, este modelo está apuntado a un desarrollo económico dirigido a la distribución del ingreso y a políticas de inversión y empleo. El desafío del Gobierno, en caso de un triunfo kirchnerista en octubre, será la de seguir profundizando estás políticas económicas y continuar propiciando un Estado de bienestar para todos.

